De camino hacia la puerta, Will se volvió hacia Chester:
—¿ Qué te parece si vigilas aquí mientras Cal y yo …?— empezó a decir, pero se interrumpió cuando le llamaron la atención los libros de las estanterías—. ¡ Estas encuadernaciones son formidables!— dijo acercando la luz a ellos—. Parecen muy antiguas.
— Desde luego— comentó Chester sin interés. Abrió la solapa de la mochila de Will y sacó una manzana.
— Sí. Éste es interesante. Se titula Ascensión y progreso de la religión en el alma, de un tal …— limpió el polvo y después se inclinó para ver el resto de las letras doradas que figuraban en el lomo de cuero oscuro— de un tal « reverendo Philip Doddridge ».
— Seguro que no lo puedes dejar hasta que te lo acabas— comentó Chester dándole un mordisco a la manzana.
Will extrajo el volumen de entre los otros tomos de aspecto imponente y lo abrió con un movimiento. Trocitos de papel salieron volando y le llenaron la cara, mientras el resto del papel quedaba reducido a un polvillo que cayó al suelo, a sus pies.
—¡ Maldita sea!— dijo sosteniendo en las manos la cubierta vacía, con un gesto de desolación en el rostro—. Qué pena, tiene que ser por el calor.
—¿ Estabas buscando una lectura demoledora?— se burló Chester, lanzando el corazón de la manzana por encima del hombro y volviendo a buscar más comida en la mochila.—¡ Ja, ja! Muy gracioso— respondió Will.— Vamos a seguir, ¿ te parece?— dijo Cal con impaciencia. Will se aventuró a subir con su hermano para comprobar que el resto de la casa estaba efectivamente desocupada. Entre todas las habitaciones vacías, Cal descubrió un pequeño cuarto de baño y entró. Había en él un grifo lleno de cal que salía de una pared chapada con azulejos, encima de un viejo lavabo de cobre, que estaba incrustado en una mesa de madera. Levantó la palanca del grifo. Se oyeron leves sonidos de aire y después de varios segundos, empezó un fuerte traqueteo que parecía llegar de las propias paredes.
Mientras proseguía el traqueteo, que se fue transformando en una vibración más suave y quejumbrosa, Will salió corriendo de la habitación que estaba inspeccionando y atravesó el corredor que llevaba al rellano. Allí se detuvo para observar el vestíbulo por encima de la desvencijada balaustrada, y después se metió corriendo por el pasillo
De camino hacia la puerta, Will se volvió hacia Chester:
—¿ Qué te parece si vigilas aquí mientras Cal y yo …?— empezó a decir, pero se interrumpió cuando le llamaron la atención los libros de las estanterías—. ¡ Estas encuadernaciones son formidables!— dijo acercando la luz a ellos—. Parecen muy antiguas.
— Desde luego— comentó Chester sin interés. Abrió la solapa de la mochila de Will y sacó una manzana.
— Sí. Éste es interesante. Se titula Ascensión y progreso de la religión en el alma, de un tal …— limpió el polvo y después se inclinó para ver el resto de las letras doradas que figuraban en el lomo de cuero oscuro— de un tal « reverendo Philip Doddridge ».
— Seguro que no lo puedes dejar hasta que te lo acabas— comentó Chester dándole un mordisco a la manzana.
Will extrajo el volumen de entre los otros tomos de aspecto imponente y lo abrió con un movimiento. Trocitos de papel salieron volando y le llenaron la cara, mientras el resto del papel quedaba reducido a un polvillo que cayó al suelo, a sus pies.
—¡ Maldita sea!— dijo sosteniendo en las manos la cubierta vacía, con un gesto de desolación en el rostro—. Qué pena, tiene que ser por el calor.
—¿ Estabas buscando una lectura demoledora?— se burló Chester, lanzando el corazón de la manzana por encima del hombro y volviendo a buscar más comida en la mochila.—¡ Ja, ja! Muy gracioso— respondió Will.— Vamos a seguir, ¿ te parece?— dijo Cal con impaciencia. Will se aventuró a subir con su hermano para comprobar que el resto de la casa estaba efectivamente desocupada. Entre todas las habitaciones vacías, Cal descubrió un pequeño cuarto de baño y entró. Había en él un grifo lleno de cal que salía de una pared chapada con azulejos, encima de un viejo lavabo de cobre, que estaba incrustado en una mesa de madera. Levantó la palanca del grifo. Se oyeron leves sonidos de aire y después de varios segundos, empezó un fuerte traqueteo que parecía llegar de las propias paredes.
Mientras proseguía el traqueteo, que se fue transformando en una vibración más suave y quejumbrosa, Will salió corriendo de la habitación que estaba inspeccionando y atravesó el corredor que llevaba al rellano. Allí se detuvo para observar el vestíbulo por encima de la desvencijada balaustrada, y después se metió corriendo por el pasillo