Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 80

—Quiere decir que son hornos —replicó Cal con confianza. —¿De verdad? —dijo Will agachándose para echar un vistazo por la puertecilla. —Sí, los he visto antes, en las fundiciones de la Caverna Meridional de la Colonia. —Cal levantó la barbilla y miró a Chester de manera agresiva, como si acabara de demostrar su superioridad sobre él—. Los coprolitas seguramente los utilizaron para hacer arrabio. —Hace siglos, por la impresión que da —observó Will, mirando el estado de abandono de todo aquello. Cal asintió con la cabeza y, como no había nada más allí digno de ser descubierto, siguieron caminando por el túnel, en silencio. —Es un sabiondo —comentó Chester cuando Cal se hallaba lo bastante apartado para no oírle. —Mira, Chester —replicó Will en voz baja—, seguramente él sigue aterrorizado por este lugar, como lo están todos los colonos. Y no olvides que es bastante más pequeño que nosotros. Sólo es un niño. —Eso no es excusa. —No, no lo es, pero tienes que ser un poco tolerante con él —sugirió Will. —¡Eso de poco sirve aquí abajo, Will, ya lo sabes! —le espetó Chester. Notando que Cal había entendido evidentemente su exclamación y se había vuelto hacia ellos con curiosidad, volvió a bajar la voz—: No nos podemos permitir que nadie lo eche todo a perder. ¿Crees que a los styx se les puede pedir una segunda oportunidad, como quien cuenta con una segunda vida en un videojuego? Vamos, sé realista. —El no va a meter la pata —dijo Will. —¿Estás dispuesto a apostar la vida a que tienes razón? —le preguntó Chester. Will simplemente negó con la cabeza mientras seguía avanzando despacio. Sabía que no podía decir nada para hacerle cambiar de opinión a su amigo, y podía ser que Chester tuviera razón. Más allá de los hornos y los montones de barro, vieron que el suelo del túnel se volvía compacto, como si hubieran caminado por allí muchos pies hasta convertirlo en una superficie firme y apretada. Aunque seguían por el túnel principal, de vez en cuando encontraban pasadizos más pequeños que salían de él. Algunos de ellos eran lo bastante altos para poder recorrerlos de pie, pero por la mayoría habría que ir gateando. Los muchachos no tenían intención de abandonar la vía principal, y la idea de meterse por uno de ellos no les resultaba nada atractiva, aparte de que no sabían