muy convencido.
—¡Por fin! —dijo Cal, poniéndose de pie de un brinco y frotándose las manos
para quitarse el polvo de ellas. Un instante después había salido al descubierto, a plena
luz, y avanzaba de manera petulante.
—Pero ¿se puede saber qué le pasa? —le preguntó Chester a Will—. Conseguirá
que nos maten a los tres.
En el punto oscuro que habían visto en la pared de la caverna, penetraron por
entre las dos rampas y comprobaron que, efectivamente, había un camino por allí: una
considerable grieta en la roca. Cal había tenido suerte con su propuesta, y no iba a
permitir que eso quedara sin notar.
—Yo tenía ra… —empezó.
—Sí, ya lo sé, ya lo sé —le interrumpió Will—. Por esta vez.
—¿Y eso qué es? —preguntó Chester al ver una serie de construcciones en la
entrada de un nuevo tramo del túnel. Estaban casi enterradas por grandes montones de
lodo que había a un lado del muro. Unas tenían forma de grandes cubos y otras
parecían circulares. A su alrededor había piezas sueltas de metal tiradas y trozos
desprendidos del techo. Los muchachos se acercaron a una de esas obras, que de
cerca parecía una especie de panal construido con ladrillos de color gris.
Cuando Will se metió en el barro para acercarse, su pie volcó algo. Sin saber lo
que era, se agachó para recogerlo. Era duro y plano, y tenía el tamaño de su mano,
con bordes ondulados. Se acercó con él a la construcción con estructura de panal.
—Por ahí tiene que haber una puerta pequeña —dijo Cal haciendo a un lado a su
hermano. Con la bota quitó el barro acumulado en la base de la construcción. En
efecto, allí había una pequeña puerta cuadrada de aproximadamente medio metro de
lado cuyas bisagras rechinaron cuando se agachó para tirar un poco de ella y abrirla.
Salió de dentro a