Will lanzó su mano para cerrarle la boca.
—Y yo digo que os calléis. Que os calléis los dos. Mirad allí —susurró apremiante
al oído de Cal, y después le quitó lentamente la mano de la boca.
Cal y Chester vieron a los dos ferroviarios, que estaban dentro de un pórtico que
recorría la fachada de varios edificios de la estación. Aparentemente acababan de salir
de una de las casuchas, y a través de la puerta abierta llegaban notas de una extraña
música hasta donde estaban los muchachos.
Llevaban puestos unos voluminosos uniformes de color azul y una especie de
equipo de respiración en la cabeza, y ante la vista de los muchachos se lo levantaron
para poder beber de la gran jarra que ambos tenían en la mano. Desde donde estaban
los tres, hasta podían oírles refunfuñar al avanzar unos pasos y detenerse mirando al
tren despreocupadamente, señalando algo en la grúa de pórtico, encima del tren.
Unos minutos después se dieron media vuelta y entraron en uno de los edificios,
dando un portazo tras ellos.
—¡Venga, vamos! —dijo Cal. Eligió mirar a Will, evitando cuidadosamente a
Chester.
—Basta ya —gruñó el hermano mayor—. Iremos cuando lo decidamos. Estamos
metidos los tres en esto.
El pequeño se dispuso a contestar, levantando el labio superior en una mueca
desagradable.
—Esto no es un juego, a ver si te enteras —le soltó Will.
El menor de los muchachos resopló bien fuerte pero, en vez de contestarle a Will,
se volvió hacia Chester y lo fulminó con la mirada.
—¡No eres más que un Ser de la Superficie! —dijo entre dientes.
Ante aquel insulto, Chester se quedó completamente desconcertado. Levantando
una ceja, miró a su amigo y se encogió de hombros.
De forma que continuaron allí, Will y Chester observando detenidamente la
fachada de la estación mientras Cal trazaba en el suelo dibujos que se parecían mucho
a Chester, con el cuerpo cuadrado y una gran cabeza. Cada poco se reía
maliciosamente para sí, y borraba los dibujos para empezar de nuevo.
Tras cinco minutos sin indicio alguno de los ferroviarios, habló Will:
—Bien, parece que se han puesto cómodos. Opino que deberíamos salir ahora.
¿Te parece bien, Chester?
Este hizo un levísimo gesto de asentimiento, aunque estaba claro que no estaba