Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 53
bordeando la pared y examinando otros fardos.
—Dios mío —repitió Chester, esta vez más despacio—. Hay cientos.
—Tiene que ser una especie de cementerio —comentó Will en voz muy baja como
muestra de respeto ante aquella acumulación de cuerpos—. Como hacen los indios de
América que dejan los cadáveres sobre una plataforma de madera o en la ladera de
una montaña, en vez de enterrarlos.
—Si es algún tipo de sitio sagrado, ¿no sería mejor que nos largáramos? No
tenemos ganas de molestar a esa gente, los cobardicas o como quiera que se llamen —
se apresuró a proponer Chester.
—Coprolitas —le corrigió Will.
—Vale, coprolitas —repitió su amigo, haciendo el esfuerzo de pronunciar la
palabra con cuidado—. Vale. —Otra cosa —dijo Will.
—¿Qué? —preguntó Chester, volviéndose hacia él.
—El nombre de «coprolitas» —prosiguió Will, reprimiendo a duras penas una
sonrisa— es el que emplean los colonos. Pero si te encuentras con un coprolita, no le
llames de esa manera, ¿de acuerdo?
—¿Por qué?
—Porque no resulta muy halagador. Es caca de dinosaurio. «Coprolito» significa
fósil de excremento de dinosaurio. —Will sonrió mientras avanzaba por entre los
cadáveres momificados, hasta que le llamó la atención uno cuyo sudario estaba
completamente desintegrado.
Dirigió la esfera hacia el cadáver, pasando el haz de luz lentamente de arriba abajo
y luego otra vez de abajo arriba. Aunque el cuerpo había sido evidentemente más alto
que el de Will o Chester, estaba tan consumido que parecía muy pequeño, y en
absoluto tenía aspecto de ser el cadáver de una persona adulta. En torno al hueso de la
muñeca tenía una gruesa pulsera dorada en la que había gemas incrustadas de color
rojo, verde y azul oscuro, y algunas que no tenían color en absoluto. La superficie de
esas gemas tenía el brillo completamente apagado. Parecían gominolas viejas.
—Apuesto a que es oro, y me imagino que esas piedras pueden ser rubíes,
esmeraldas y zafiros… y puede que hasta diamantes —dijo Will conteniendo la
respiración—. ¿No es increíble?
—Sí —contestó Chester sin mucha convicción—. Tengo que hacer una foto.
—¿Y no podríamos simplemente salir de aquí? —apremió Chester mientras Will
se quitaba la mochila y sacaba de ella la cámara. A continuación vio que alargaba la