Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 50

—No, Chester —repuso Will—. Espera un segundo. Quiero decirte algo. Los ojos de su amigo seguían enrojecidos de cansancio. Will movía los dedos sin parar en torno a la esfera de luz, bajo cuyo resplandor Chester podía apreciar la agitación de su mugriento rostro. —Sé perfectamente lo que vas a decir —repuso—, que no es culpa tuya. —Sí que lo es —dijo Will con voz firme—. Es culpa mía… No debería haberte metido en todo esto. Tú tienes una familia de verdad, mientras que yo… Al fin y al cabo, yo no tengo ninguna familia, no tenía nada que perder. Chester intentó contestar y adelantó la mano para detenerlo, pero su amigo prosiguió, balbuceando las palabras de forma algo menos coherente al intentar expresar los sentimientos y remordimientos que le habían atormentado durante los últimos meses. —No debería haberte metido en esto. Tú sólo querías ayudarme … —Mira… —empezó Chester, intentando tranquilizar a su amigo. —Mi padre podrá ayudarnos, pero si no lo encontramos, yo… —Will… —volvió a interrumpirle Chester, pero a continuación le dejó seguir. —No sé qué vamos a hacer, ni qué nos va a pasar. Tal vez nunca… Puede que nos aguarde aquí la muerte… —No pienses en eso ahora —dijo Chester con suavidad cuando la voz de Will se convirtió en un susurro—. Ninguno de nosotros sabía lo que iba a pasar, y además… —Will vio que una sonrisa se dibujaba en el rostro de su amigo— las cosas ya no pueden empeorar, ¿no? —Chester le lanzó a Will un cariñoso puñetazo al hombro, sin darse cuenta de que pegaba precisamente en la zona de la horrible herida producida por el perro de presa en la Ciudad Eterna. —Gracias, Chester —dijo Will con la voz entrecortada, apretando los dientes para no gritar por el dolor del brazo y usando su antebrazo para secarse las lágrimas que le afloraban a los ojos. —¡Venid de una vez! —volvió a gritar Cal—. He encontrado un camino por aquí. ¡Vamos! —Pero ¿de qué está hablando? —preguntó Chester. Will intentó recobrarse. —Siempre tiene que ir delante, no puede quedarse con nosotros —explicó, volviendo la cabeza hacia el lugar en que estaba su hermano, dirigiendo sus ojos hacia lo alto. —¿De verdad? ¿No te recuerda a nadie? —comentó Chester, levantando una ceja.