Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 487
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En Humphrey House, la señora Burrows se hallaba sola en la sala de estar. Era bien
pasada la medianoche y, una vez superado el dichoso virus, no había nada que le
impidiera ver la televisión. Sin embargo, no estaba absorta en ninguno de sus
culebrones: en la pantalla, ante ella, tenía unas imágenes en blanco y negro. Tal como
había hecho ya muchas veces, paró la cinta, la rebobinó y la volvió a poner.
La grabación mostraba la puerta del área de recepción al abrirse de golpe y
aparecer por ella una silueta. Pero antes de que esa silueta saliera de campo, había un
instante en que se le podía ver la cara: la silueta miraba hacia arriba un momento y
volvía a bajar el rostro apresuradamente, como si supiera que la cámara de seguridad
la estaba filmando.
La señora Burrows congeló la imagen apretando con decisión un botón del mando
a distancia, y se acercó a la televisión, inclinándose para ver mejor aquel rostro de
ojos nerviosos y pelo revuelto. Tocó la pantalla, trazando en ella los rasgos faciales de
la mujer, cuya imagen, paralizada entre dos fotogramas de la cinta, estaba corrida y
borrosa, como la sombra de un fantasma.
—Para su deleite y entretenimiento, señoras y señores, la única e inimitable dama
de la intriga: Kate O'Leary —murmuraba la señora Burrows entrecerrando los ojos y
chasqueando varias veces la lengua en los dientes, sin dejar de examinar el rostro de
Sarah—. Bien, señora Kate Comosellame, le comunico que no hay lugar en la Tierra
en que pueda esconderse y donde yo no pueda encontrarla. —A continuación, se
sumergió en sus pensamientos, silbando de forma desordenada y atonal, un hábito del
doctor Burrows que ella, curiosamente, le había reprendido siempre—. Y lograré que
me devuelvas a mi familia aunque sea lo último que haga.
Ululó una lechuza, y la señora Burrows se volvió hacia las ventanas, atisbando en
la oscuridad de los jardines.
Al hacerlo, un hombre que llevaba visera y un largo sobretodo se apartó con
cuidado de la ventana para que ella no lo pudiera ver. Era muy difícil que una mujer
de la Superficie, con su pobre visión nocturna, acertara a descubrir a un hombre