Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 487

53 En Humphrey House, la señora Burrows se hallaba sola en la sala de estar. Era bien pasada la medianoche y, una vez superado el dichoso virus, no había nada que le impidiera ver la televisión. Sin embargo, no estaba absorta en ninguno de sus culebrones: en la pantalla, ante ella, tenía unas imágenes en blanco y negro. Tal como había hecho ya muchas veces, paró la cinta, la rebobinó y la volvió a poner. La grabación mostraba la puerta del área de recepción al abrirse de golpe y aparecer por ella una silueta. Pero antes de que esa silueta saliera de campo, había un instante en que se le podía ver la cara: la silueta miraba hacia arriba un momento y volvía a bajar el rostro apresuradamente, como si supiera que la cámara de seguridad la estaba filmando. La señora Burrows congeló la imagen apretando con decisión un botón del mando a distancia, y se acercó a la televisión, inclinándose para ver mejor aquel rostro de ojos nerviosos y pelo revuelto. Tocó la pantalla, trazando en ella los rasgos faciales de la mujer, cuya imagen, paralizada entre dos fotogramas de la cinta, estaba corrida y borrosa, como la sombra de un fantasma. —Para su deleite y entretenimiento, señoras y señores, la única e inimitable dama de la intriga: Kate O'Leary —murmuraba la señora Burrows entrecerrando los ojos y chasqueando varias veces la lengua en los dientes, sin dejar de examinar el rostro de Sarah—. Bien, señora Kate Comosellame, le comunico que no hay lugar en la Tierra en que pueda esconderse y donde yo no pueda encontrarla. —A continuación, se sumergió en sus pensamientos, silbando de forma desordenada y atonal, un hábito del doctor Burrows que ella, curiosamente, le había reprendido siempre—. Y lograré que me devuelvas a mi familia aunque sea lo último que haga. Ululó una lechuza, y la señora Burrows se volvió hacia las ventanas, atisbando en la oscuridad de los jardines. Al hacerlo, un hombre que llevaba visera y un largo sobretodo se apartó con cuidado de la ventana para que ella no lo pudiera ver. Era muy difícil que una mujer de la Superficie, con su pobre visión nocturna, acertara a descubrir a un hombre