Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 488
escondido en la oscuridad, pero no quería correr riesgos.
La lechuza echó a volar y pasó por entre los árboles, mientras el individuo de
complexión recia aguardaba pacientemente antes de volver a su puesto de vigilancia,
junto a la ventana.
Mientras aguardaba, otro hombre, desde una pequeña loma, a unos trescientos
metros de distancia, lo enfocaba con una mira montada sobre un trípode y capaz de
incrementar la luz.
—Te estoy viendo —dijo Drake, subiéndose el cuello de la chaqueta al levantarse
un poco de viento. Haciendo otro pequeño ajuste en la rosca giratoria de la mira, para
obtener un foco perfecto del hombre oculto en la sombra, murmuró a media voz—:
¿Quién espía al espía?
Desde una distancia de medio kilómetro, las luces largas de un coche incidieron
por un instante en la parte trasera de Humphrey House. A aquella distancia no fue más
que un pequeño destello, pero aumentado por la electrónica intensificadora de la luz
de la mira, resultó lo bastante fuerte para obligar a Drake a cerrar los ojos.
Interrumpido por sorpresa en su vigilancia, se llevó un susto. La luz le trajo el
recuerdo de los arcos cegadores descritos por los proyectiles arrojados contra Elliott y
los muchachos en el Poro, mientras él no podía hacer otra cosa más que mirar cómo
se desarrollaban los espantosos acontecimientos.
Levantó los ojos de la mira y se irguió. Estiró la espalda, que ya le dolía, y fijó la
mirada en las profundidades del cielo nocturno.
No, no había podido salvar a Elliott ni a los muchachos, pero iba a hacer todo lo
que pudiera para detener a los styx. Si tenían la intención de recuperar los planes de
usar el Dominion, se iban a llevar un chasco. Sacó el teléfono móvil que llevaba en el
bolsillo y, retrocediendo hacia el Range Rover que estaba aparcado allí, marcó un
número y aguardó a que contestaran.