Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 482
arrastrado por la cuerda que le unía a Will.
Y también habría oído los gritos de Elliott cuando, también ella, cayó al Poro tras
Chester.
Si Will hubiera conservado la conciencia, habría sentido el aire oscuro que le daba
en la cara mientras él caía en picado, acompañado por el cadáver de su hermano, que
iba delante, y por los otros dos, que gritaban despavoridos detrás de él. Y le habrían
aterrado los grandes restos de piedra de los menhires partidos que caían a su
alrededor.
Pero no podía pensar, en su mente no había más que una nada negra idéntica a
aquella por la que estaba cayendo.
Bajaba en caída libre. Los oídos le dolían muchísimo, y a veces, al alcanzar la
velocidad máxima, el empuje del aire era tal que apenas podía respirar.
En algún momento chocó con Elliott, con Chester, e incluso con el cuerpo flácido
de Cal. La cuerda se enrollaba alrededor de sus torsos y extremidades, atándolos de
forma azarosa, y se desenrollaba dejándolos separarse, como si estuvieran en un
macabro ballet aéreo. Así siguió él la mayor parte del tiempo, cayendo por el negro
vacío, pero de vez en cuando la trayectoria le acercaba a una pared del aparentemente
interminable Poro, donde chocaba contra la implacable piedra, o bien, de forma
inexplicable, golpeaba otro material más blando, que de encontrarse consciente le
habría sorprendido muchísimo.
Pero después de su desmayo, era inconsciente de todo aquello. Se encontraba en
un estado en el que no había preocupaciones.
Si su mente no hubiera estado desconectada de todo aquello, de toda sensación
física, habría notado que, aunque continuaba cayendo por el vacío, la velocidad de
descenso se aminoraba.
Al principio el cambio fue casi imperceptible, pero después siguió cayendo cada
vez más despacio, más despacio, más despacio…