Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 481
—¡Lo siento mucho, Will! —gritó Chester, y de pronto su voz se volvió
extrañamente tranquila al notar que su amigo le estaba escuchando—. Ven aquí. El
mundo no se acaba.
—¿No se acaba? —preguntó Will.
Pese a la espantosa situación en que se hallaban, durante un segundo parecía que
estaban aislados del horror que los rodeaba. Chester asintió con la cabeza y le sonrió
brevemente en respuesta.
—No, y nosotros tampoco —respondió—. Lo siento. —Se disculpaba por el
modo cruel en que había estado tratando a Will, comprendiendo que tenía parte de
culpa del abatimiento de su amigo.
Un diminuto germen de esperanza renació en él.
Seguía teniendo a su amigo. Por lo tanto, no todo estaba perdido. Saldrían de
aquélla como fuera.
Will dio otro paso, alargando la mano hacia Chester.
Dio más pasos, más y más rápido, acortando la distancia entre ellos, hasta que ya
no usaba las piernas, porque la cuerda lo hacía por él. Al borde del Poro, estaba a
punto de cogerle la mano a Chester.
Desde lo alto de la cuesta, las Rebeccas gritaron a la vez:
—¡Al infierno con él!
—¡Abrid fuego!
La artillería a la que se habían referido antes empezó a funcionar. Los Limitadores
lanzaron enormes proyectiles que giraban como bolas de fuego hacia el punto en que
se encontraba Will, en el borde del Poro, dejando tras ellos una estela roja. Toda la
cuesta quedó iluminada por aquella luz abrasadora que producía un ruido
ensordecedor.
Los proyectiles impactaban, partiendo los menhires que se encontraban en el
camino y arrancando enormes cortinas de tierra. Uno de ellos pegó en la zona
enlosada y derribó la única columna que quedaba en pie y levantó las losas igual que
un soplo de viento levanta los naipes de una baraja.
Las explosiones le hicieron perder el conocimiento a Will y lo impulsaron hacia
delante. Se fue derecho hacia la impenetrable oscuridad, por encima de la cabeza de
su amigo.
Si hubiera estado consciente, habría visto los brazos y las piernas de Chester
agitarse intentando agarrarse a lo que pudiera en un intento desesperado de no ser