Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 480
que él quería. Y no pudo evitar pensar que había perdido para siempre a su padre adoptivo, el doctor Burrows. No volvería a verlo: ya no. El sueño de Will había acabado.
La tregua llegó a su final de repente, cuando los Limitadores volvieron a abrir fuego con una descarga aún más violenta que la anterior, y Chester y Elliott volvieron a gritar presas del pánico, intentando que Will fuera hacia ellos.
Pero, como si hubieran quitado el sonido, Will no oía nada a su alrededor. Sus ojos vidriosos encontraron el rostro afligido y desesperado de Chester, del que no le separaban ni siquiera unos metros. Su amigo le gritaba con toda la potencia de sus pulmones, pero eso no hacía mella en Will. Le habían quitado hasta la amistad de Chester.
Todo aquello en lo que se sostenía, todas las cosas seguras que apuntalaban su insegura vida, se las habían quitado a golpes, una tras otra.
Y el cerebro le ardía con la horrenda y vivida imagen de la muerte de su hermano: esto último emborronaba todo lo demás.— Basta— dijo, esta vez sin gritar. Cal había perdido la vida por su culpa. No había remedio, ni margen para excusas, ni tregua para el sentimiento de culpa. Will sabía que debería ser él el que estuviera allí tirado, atravesado por un montón de agujeros, él y no su hermano.
Era como si algo se extendiera por su mente, haciéndola crujir e hincharse de un lado a otro, hasta que estaba a punto de romperse en pequeños pedazos que nunca más volverían a ocupar su sitio.
Hizo todo lo posible por aguantar de pie mientras el peso del cadáver de Cal tiraba de él. Los Limitadores seguían disparándole, pero era como si él no estuviera allí, y ya nada le importaba.
Chester estaba agachado en el peldaño superior. Seguía gesticulando y gritándole. Pero ni gestos ni gritos llegaban hasta Will. Nada de todo aquello llegaba a él. Avanzó hacia el Poro con un único paso muy rígido, permitiendo que el peso lo arrastrara. Chester se dirigía hacia él, tendiéndole la mano y gritando su nombre con voz ronca. Will levantó la vista y lo miró como si lo viera por primera vez.
que él quería. Y no pudo evitar pensar que había perdido para siempre a su padre adoptivo, el doctor Burrows. No volvería a verlo: ya no. El sueño de Will había acabado.
La tregua llegó a su final de repente, cuando los Limitadores volvieron a abrir fuego con una descarga aún más violenta que la anterior, y Chester y Elliott volvieron a gritar presas del pánico, intentando que Will fuera hacia ellos.
Pero, como si hubieran quitado el sonido, Will no oía nada a su alrededor. Sus ojos vidriosos encontraron el rostro afligido y desesperado de Chester, del que no le separaban ni siquiera unos metros. Su amigo le gritaba con toda la potencia de sus pulmones, pero eso no hacía mella en Will. Le habían quitado hasta la amistad de Chester.
Todo aquello en lo que se sostenía, todas las cosas seguras que apuntalaban su insegura vida, se las habían quitado a golpes, una tras otra.
Y el cerebro le ardía con la horrenda y vivida imagen de la muerte de su hermano: esto último emborronaba todo lo demás.— Basta— dijo, esta vez sin gritar. Cal había perdido la vida por su culpa. No había remedio, ni margen para excusas, ni tregua para el sentimiento de culpa. Will sabía que debería ser él el que estuviera allí tirado, atravesado por un montón de agujeros, él y no su hermano.
Era como si algo se extendiera por su mente, haciéndola crujir e hincharse de un lado a otro, hasta que estaba a punto de romperse en pequeños pedazos que nunca más volverían a ocupar su sitio.
Hizo todo lo posible por aguantar de pie mientras el peso del cadáver de Cal tiraba de él. Los Limitadores seguían disparándole, pero era como si él no estuviera allí, y ya nada le importaba.
Chester estaba agachado en el peldaño superior. Seguía gesticulando y gritándole. Pero ni gestos ni gritos llegaban hasta Will. Nada de todo aquello llegaba a él. Avanzó hacia el Poro con un único paso muy rígido, permitiendo que el peso lo arrastrara. Chester se dirigía hacia él, tendiéndole la mano y gritando su nombre con voz ronca. Will levantó la vista y lo miró como si lo viera por primera vez.