Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 478

Tras ellos, en el borde del Poro, Elliott los apremiaba para que se pusieran en movimiento.—¡ Seis! Al comienzo de la escalera, Chester le decía algo muy rápidamente.—¡ Cinco!—¡ Vamos, Will!— le espetó Elliott, asomando por momentos la cabeza sobre el borde del Poro—. ¡ Cuatro!
Todo resultó confuso cuando todos intentaron hablarle al mismo tiempo, y en medio de aquel barullo Will sólo lograba oír los segundos que iban anunciando con frialdad las gemelas, acercándose al final de la cuenta atrás.—¡ Tres!—¡ Will!— gritó Chester, tirando de la cuerda en un intento de obligarle a acercarse—. ¡ Dos! Will se levantó tambaleándose.—¡ Uno!—¡ Cero!— dijeron las dos hermanas al mismo tiempo—. Se te ha acabado el tiempo.— Ya no hay trato.—¡ Te puedes ir apuntando más muertes innecesarias, Will! Todo lo que ocurrió después dio la impresión de que tenía lugar en milésimas de segundo. Will oyó gritar a Cal, y se volvió hacia él.—¡ No! ¡ Esperad!— gritaba su hermano—. ¡ Quiero irme a casa! Salió de repente de detrás del menhir, agitando los brazos, a plena vista de los styx y bañado por la luz de los reflectores. A plena línea de fuego.
En ese preciso instante, se oyeron los disparos de múltiples rifles que provenían de todos los puntos de la cima de la cuesta. Fueron tantos disparos en un espacio tan corto de tiempo que sonaron como un redoble de tambor.
La descarga cayó sobre todo el cuerpo de Cal con precisión mortal. No tuvo ni la más remota posibilidad. Como golpeado por una mano invisible, los disparos lo derribaron, dejando en el aire, detrás de él, por un instante, un reguero rojo.
Will no pudo hacer nada más que mirar mientras su hermano caía al borde del Poro con brazos y piernas en desorden, como una marioneta a la que le han cortado todas las cuerdas. Fue como si ocurriera en una espeluznante cámara lenta: Will pudo ver hasta los más pequeños detalles de la caída, tales como el impulso hacia arriba del
Tras ellos, en el borde del Poro, Elliott los apremiaba para que se pusieran en movimiento.—¡ Seis! Al comienzo de la escalera, Chester le decía algo muy rápidamente.—¡ Cinco!—¡ Vamos, Will!— le espetó Elliott, asomando por momentos la cabeza sobre el borde del Poro—. ¡ Cuatro!
Todo resultó confuso cuando todos intentaron hablarle al mismo tiempo, y en medio de aquel barullo Will sólo lograba oír los segundos que iban anunciando con frialdad las gemelas, acercándose al final de la cuenta atrás.—¡ Tres!—¡ Will!— gritó Chester, tirando de la cuerda en un intento de obligarle a acercarse—. ¡ Dos! Will se levantó tambaleándose.—¡ Uno!—¡ Cero!— dijeron las dos hermanas al mismo tiempo—. Se te ha acabado el tiempo.— Ya no hay trato.—¡ Te puedes ir apuntando más muertes innecesarias, Will! Todo lo que ocurrió después dio la impresión de que tenía lugar en milésimas de segundo. Will oyó gritar a Cal, y se volvió hacia él.—¡ No! ¡ Esperad!— gritaba su hermano—. ¡ Quiero irme a casa! Salió de repente de detrás del menhir, agitando los brazos, a plena vista de los styx y bañado por la luz de los reflectores. A plena línea de fuego.
En ese preciso instante, se oyeron los disparos de múltiples rifles que provenían de todos los puntos de la cima de la cuesta. Fueron tantos disparos en un espacio tan corto de tiempo que sonaron como un redoble de tambor.
La descarga cayó sobre todo el cuerpo de Cal con precisión mortal. No tuvo ni la más remota posibilidad. Como golpeado por una mano invisible, los disparos lo derribaron, dejando en el aire, detrás de él, por un instante, un reguero rojo.
Will no pudo hacer nada más que mirar mientras su hermano caía al borde del Poro con brazos y piernas en desorden, como una marioneta a la que le han cortado todas las cuerdas. Fue como si ocurriera en una espeluznante cámara lenta: Will pudo ver hasta los más pequeños detalles de la caída, tales como el impulso hacia arriba del