Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 471
después se la ató a Cal a la cintura. Su hermano se lo permitió sin hacer preguntas.
Will dirigió la vista al Poro. Era la única salida. Pero a menos que Elliott supiera
algo que él no sabía, ésa no parecía una buena solución. ¿Qué sería lo que ella tenía
en mente? Él había visto que no había más que una pared lisa y cortada en vertical, sin
nada a lo que agarrarse. Algo totalmente desalentador.
Will oyó a Rebecca silbar en la oscuridad mientras se acercaba.
—«You are my sunshine» —murmuró él, reconociendo la música enseguida—.
¡Cómo odio esa canción!
Cuando volvió a hablar, ella se encontraba ya bastante más cerca, tal vez a unos
treinta metros.
—Bueno, no me voy a acercar más.
Unos enormes reflectores lanzaron su luz desde más atrás.
—¡Mierda! ¡No puedo ver nada! —exclamó Elliott levantando la cabeza del rifle al
dar la luz en la mira. Cerró los ojos varias veces como para recobrarse del resplandor
—. ¡Esto es maravilloso! —dijo furiosa—. ¡Ahora no puedo establecer la posición de
nada!
Los cegadores haces de luz barrían la zona en que se escondían Will y los demás,
proyectando tras ellos negras sombras, largas como cuchillos.
Will asomó la cabeza un poco más. Había tenido que apagar el artilugio ocular
para no estropearlo, y la extraordinaria intensidad de la luz le impedía ver con
claridad, aunque algo habría podido hacer. Desde luego, aquella chica tenía todo el
aspecto de Rebecca. Estaba en pie, en campo abierto, entre dos menhires. Will se echó
atrás y miró a Elliott, que estaba todavía tendida boca abajo, con una gran variedad de
explosivos y cócteles en el suelo a su alcance; en ese momento corrigió la posición de
los brazos, y daba la impresión de que estaba a punto de disparar sobre la silueta,
incluso sin contar con la mira.
—No hagas eso, no le dispares —le rogó Will en un susurro—. ¡Los perros!
Elliott no respondió ni separó la cabeza del rifle.
—¡Will! ¡Tengo una sorpresita para ti! —gritó Rebecca. Antes de que terminara de
decirlo, como si fuera ventrílocua, la chica también dijo: —¡Una estupenda sorpresa!
Will frunció el ceño y no pudo evitar echar otra mirada.
—Te presento a mi hermana gemela —anunció la voz de Rebecca. O, más bien, lo
anunciaron dos voces a la vez.
—¡Cuidado! —advirtió Elliott al ver que Will se ponía en pie y asomaba