Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 470
— Will, quiero que me des tu palabra de que puedo acercarme con seguridad.
El dejó de intentar ver nada por encima de la cuesta y se dejó caer tras el enorme menhir. Tenía la sensación de que incluso allí podía verlo Rebecca, como si en vez de una roca fuera sólo un panel de cristal.
Le corrió un sudor gélido por la espalda, y se dio cuenta de que le temblaban las manos. Cerró los ojos y, dándose cabezazos contra la roca que tenía detrás, gimió:— No, no, no … ¿ Cómo podía haber salido todo tan mal? Habían ido muy bien hacia las Ciénagas, y tenían tantas opciones donde elegir que no supieron acertar. Ahora se hallaban en aquella situación espantosa, rodeados y con un enorme agujero detrás. ¿ Cómo podían haberse metido en la boca del lobo?
Y tenían allí a Rebecca, alguien tan despiadado y brutal, que además lo conocía a él tan bien como la palma de su mano.
No tenía ni idea de qué podían hacer para salir de aquella situación. Le dirigió una mirada a Elliott, pero ella estaba discutiendo con Chester. Will no pudo entender nada de lo que hablaban. Pero ante sus ojos pareció que llegaban a un acuerdo, y concluyó su disputa. Rápidamente, Elliott se quitó la mochila y empezó a hurgar en ella.—¡ Eh, cara de topo!— gritó Rebecca—. Estoy esperando tu respuesta.—¡ Elliott!— le dijo Will de manera apremiante—, ¿ qué hago?— Tienes que ganar tiempo. Habla con ella— le dijo Elliott, desplegando un trozo de cuerda y sin levantar la vista. Animado al ver que Elliott se decidía a pasar a la acción, Will respiró hondo varias veces y asomó la cabeza por el borde de la roca:—¡ Sí, vale!— le gritó a Rebecca.—¡ Ese es mi niño!— respondió la chica con alegría—. Sabía que dirías que sí. Durante los segundos siguientes, no volvieron a oír a Rebecca. Elliott y Chester se ataron la cuerda y después él lanzó el otro extremo a Will, mientras Elliott se volvía a poner detrás del rifle.
Will lo cogió y se encogió de hombros mirando a Chester, que le respondió con el mismo gesto. A Will sólo se lo ocurrió pensar que, como última salida, Elliott había decidido que bajaran por la pared del Poro. No veía que hubiera otro camino de salida. Se volvió hacia Cal. Su hermano lloriqueaba en silencio, escondiendo la cara en el cuello de Bartleby, al que tenía apretado contra su pecho. El niño estaba destrozado, y Will no se lo podía echar en cara. Aseguró la cuerda a su alrededor, y
— Will, quiero que me des tu palabra de que puedo acercarme con seguridad.
El dejó de intentar ver nada por encima de la cuesta y se dejó caer tras el enorme menhir. Tenía la sensación de que incluso allí podía verlo Rebecca, como si en vez de una roca fuera sólo un panel de cristal.
Le corrió un sudor gélido por la espalda, y se dio cuenta de que le temblaban las manos. Cerró los ojos y, dándose cabezazos contra la roca que tenía detrás, gimió:— No, no, no … ¿ Cómo podía haber salido todo tan mal? Habían ido muy bien hacia las Ciénagas, y tenían tantas opciones donde elegir que no supieron acertar. Ahora se hallaban en aquella situación espantosa, rodeados y con un enorme agujero detrás. ¿ Cómo podían haberse metido en la boca del lobo?
Y tenían allí a Rebecca, alguien tan despiadado y brutal, que además lo conocía a él tan bien como la palma de su mano.
No tenía ni idea de qué podían hacer para salir de aquella situación. Le dirigió una mirada a Elliott, pero ella estaba discutiendo con Chester. Will no pudo entender nada de lo que hablaban. Pero ante sus ojos pareció que llegaban a un acuerdo, y concluyó su disputa. Rápidamente, Elliott se quitó la mochila y empezó a hurgar en ella.—¡ Eh, cara de topo!— gritó Rebecca—. Estoy esperando tu respuesta.—¡ Elliott!— le dijo Will de manera apremiante—, ¿ qué hago?— Tienes que ganar tiempo. Habla con ella— le dijo Elliott, desplegando un trozo de cuerda y sin levantar la vista. Animado al ver que Elliott se decidía a pasar a la acción, Will respiró hondo varias veces y asomó la cabeza por el borde de la roca:—¡ Sí, vale!— le gritó a Rebecca.—¡ Ese es mi niño!— respondió la chica con alegría—. Sabía que dirías que sí. Durante los segundos siguientes, no volvieron a oír a Rebecca. Elliott y Chester se ataron la cuerda y después él lanzó el otro extremo a Will, mientras Elliott se volvía a poner detrás del rifle.
Will lo cogió y se encogió de hombros mirando a Chester, que le respondió con el mismo gesto. A Will sólo se lo ocurrió pensar que, como última salida, Elliott había decidido que bajaran por la pared del Poro. No veía que hubiera otro camino de salida. Se volvió hacia Cal. Su hermano lloriqueaba en silencio, escondiendo la cara en el cuello de Bartleby, al que tenía apretado contra su pecho. El niño estaba destrozado, y Will no se lo podía echar en cara. Aseguró la cuerda a su alrededor, y