Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 466

puedo contar por el camino. Elliott condujo a los muchachos hasta otro arco, aunque éste no había resistido las inclemencias del tiempo como el primero que habían encontrado. Sólo una de las columnas seguía en pie, y el resto descansaba a trozos en la decrépita plataforma sobre la que se había erigido el arco. Will y los demás acababan de salir de las losas gigantescas cuando volvieron a oír el aullido de los perros de presa. Esta vez se oían tan cercanos que se asustaron. Elliott había estado caminando a toda velocidad, pero se paró en seco, y se volvió a los muchachos. —¿Cómo puedo haber sido tan idiota? —estalló en un susurro feroz. —¿Por qué dices eso? —preguntó Chester. —¿No lo veis? —dijo ella con la voz quebrada a causa de la rabia. En torno a ella, Will, Chester y Cal cambiaron miradas de incomprensión. —Nos han estado hostigando durante kilómetros y kilómetros… y no me he dado cuenta. —Agarró el rifle con tanta furia que le crujió un nudillo de la mano—. ¡Vaya imbécil! —¿Que no te has dado cuenta de qué? —preguntó Chester—. ¿De qué estás hablando? —De las pautas que hemos seguido… Nos hemos encontrado con styx a cada vuelta del camino, y hemos torcido exactamente hacia donde ellos querían que fuéramos, como vaquillas en un encierro. Nos han hecho rebotar una y otra vez. Will creyó que Elliott estaba a punto de ponerse a llorar, de tan furiosa que estaba consigo misma. —Nos hemos metido en la boca del lobo… —Dejó deslizarse la culata del rifle hasta que descansó en la tierra, y después se apoyó contra el cañón, con la cabeza gacha. Estaba alicaída, como si de pronto hubiera perdido su carácter resuelto y decidido—. Y con todo lo que me enseñó Drake… El nunca hubiera caído en… —Vamos, no te pongas así, estamos bien —la interrumpió Cal, intentando conservar la calma, aunque su voz sonaba muy diferente de lo que pretendía, el niño no quería oír lo que ella decía. Estaba completamente exhausto, al borde del colapso. No quería más que llegar al lugar al que se dirigían y tomarse un merecido descanso —. ¿No podemos ir por ahí? —le preguntó señalando el perímetro del Poro. —Ni mucho menos —respondió Elliott lánguidamente.