Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 461
revolvían dentro de su mente mientras volvía a observar el arco—. Pero no es … descuidado— añadió lentamente—. Quiero decir que … no es como si estuviera aquí la mochila, o …
En aquel momento Cal soltó un grito de terror. Había estado apoyado contra una roca grande de forma redondeada, a cierta distancia del borde del Poro, y se acababa de levantar de un salto como si le hubiera picado una abeja.—¡ Se ha movido! ¡ Os juro que la roca se ha movido!— gritó. La roca se había movido, y se seguía moviendo. Como por milagro, se había levantado sobre unas patas articuladas y se estaba dando la vuelta. Al proseguir su rotación y después pararse, todos pudieron ver sus antenas enormes y vacilantes. Las pinzas de aspecto mecánico que tenía delante de la boca emitieron un único castañeteo.—¡ Madre mía!— gritó Chester.—¡ Vamos, cállate!— le reprendió Elliott—. No es más que una « vaca de cueva ». Los muchachos miraron cómo el bicho, el gigantesco « acaro del polvo » y antiguo compañero de viaje del doctor Burrows, volvía a chasquear las pinzas y avanzaba con cautela. Bartleby correteaba a su alrededor, atreviéndose a olfatearla y después volviendo a alejarse, como si no supiera muy bien a qué carta quedarse.
—¡ Dispárale!— le exhortó Chester a Elliott al tiempo que se escondía tras ella, horrorizado—. ¡ Mátalo! ¡ Es horrible!
— No es más que un bebé— dijo ella sin mostrar ningún miedo al acercarse hasta el animal y darle una palmada en el exoesqueleto que resonó con un sonido sordo—. Son inofensivos. Se alimentan de algas, no de carne. No tenéis que poneros …
Se quedó callada al ver que había algo enganchado en las pinzas de la vaca de cueva. Le volvió a dar unas palmaditas, como si se tratara de la ternera ganadora del premio de engorde, y se adelantó para desengancharlo. Se trataba de la mochila del doctor Burrows, muy rasgada y vuelta del revés. Will se acercó despacio a Elliott y se la cogió. Sus ojos lo decían todo.— Así que este bicho … esta vaca de cueva … tú dices que es inofensiva, pero ¿ no podría haberle hecho algo a mi padre?
— Imposible. Ni siquiera los adultos te harían el más leve daño, a menos que se sentaran encima de ti por accidente. Te lo he dicho: no comen carne.— Puso la mano sobre la de Will para acercarse la mochila a la cara y oler la lona rota—. Es lo que pensaba: había comida dentro. Eso es lo que la vaca iba buscando.
revolvían dentro de su mente mientras volvía a observar el arco—. Pero no es … descuidado— añadió lentamente—. Quiero decir que … no es como si estuviera aquí la mochila, o …
En aquel momento Cal soltó un grito de terror. Había estado apoyado contra una roca grande de forma redondeada, a cierta distancia del borde del Poro, y se acababa de levantar de un salto como si le hubiera picado una abeja.—¡ Se ha movido! ¡ Os juro que la roca se ha movido!— gritó. La roca se había movido, y se seguía moviendo. Como por milagro, se había levantado sobre unas patas articuladas y se estaba dando la vuelta. Al proseguir su rotación y después pararse, todos pudieron ver sus antenas enormes y vacilantes. Las pinzas de aspecto mecánico que tenía delante de la boca emitieron un único castañeteo.—¡ Madre mía!— gritó Chester.—¡ Vamos, cállate!— le reprendió Elliott—. No es más que una « vaca de cueva ». Los muchachos miraron cómo el bicho, el gigantesco « acaro del polvo » y antiguo compañero de viaje del doctor Burrows, volvía a chasquear las pinzas y avanzaba con cautela. Bartleby correteaba a su alrededor, atreviéndose a olfatearla y después volviendo a alejarse, como si no supiera muy bien a qué carta quedarse.
—¡ Dispárale!— le exhortó Chester a Elliott al tiempo que se escondía tras ella, horrorizado—. ¡ Mátalo! ¡ Es horrible!
— No es más que un bebé— dijo ella sin mostrar ningún miedo al acercarse hasta el animal y darle una palmada en el exoesqueleto que resonó con un sonido sordo—. Son inofensivos. Se alimentan de algas, no de carne. No tenéis que poneros …
Se quedó callada al ver que había algo enganchado en las pinzas de la vaca de cueva. Le volvió a dar unas palmaditas, como si se tratara de la ternera ganadora del premio de engorde, y se adelantó para desengancharlo. Se trataba de la mochila del doctor Burrows, muy rasgada y vuelta del revés. Will se acercó despacio a Elliott y se la cogió. Sus ojos lo decían todo.— Así que este bicho … esta vaca de cueva … tú dices que es inofensiva, pero ¿ no podría haberle hecho algo a mi padre?
— Imposible. Ni siquiera los adultos te harían el más leve daño, a menos que se sentaran encima de ti por accidente. Te lo he dicho: no comen carne.— Puso la mano sobre la de Will para acercarse la mochila a la cara y oler la lona rota—. Es lo que pensaba: había comida dentro. Eso es lo que la vaca iba buscando.