Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 460

su padre llenaba los márgenes. En otras hojas había anotaciones en letra muy apretada. Will observó el suelo y revolvió con la bota entre las hojas sueltas. Encontró unos calcetines marrones de lana, bastante viejos y con grandes agujeros, envueltos juntos, y después, cosa extraña, un cepillo de dientes de Mickey Mouse muy usado. —¡Con todo lo que lo busqué! —sonrió Will apretando las mugrientas y desgastadas cerdas con el pulgar—. Mi padre está como una cabra… ¡Se trajo mi cepillo de dientes por equivocación! Pero su alegría se evaporó cuando encontró las tapas con dibujo de mármol azul y morado de un cuaderno. Entonces comprendió de dónde habían salido todas las páginas. Lo cogió y miró la etiqueta pegada en la cubierta, que contenía el dibujo de un búho con gafas a un lado y las palabras Ex Libris… impresas en la parte superior en una refitoleada letra inglesa. Había algo escrito a mano: —«Tercer diario. Doctor Roger Burrows» —leyó en voz alta. Regresó inmediatamente hacia el arco. Al traspasarlo, no se detuvo mientras avanzaba hacia la plataforma, y descubrió enseguida una escalera erosionada que salía de ella. Bajó por los escalones y, llegando al último, se agachó para mirar hacia abajo. No pudo ver nada. Al levantar la vista, parpadeando bajo el agua que le caía en el rostro, algo le llamó la atención. Justo delante de él estaba el martillo de geólogo de mango azul de su padre adoptivo, con la punta incrustada en la roca. Se inclinó para recuperarlo. Se desprendió después de varios tirones, y lo miró por unos segundos antes de renovar sus esfuerzos por ver algo al fondo del Poro. A través de la lente del artilugio ocular, vio que no había nada. Inmerso en sus pensamientos, y esta vez sin prisas locas, se acercó a los demás. —¿Qué pensáis que ocurrió aquí? —preguntó con la voz crispada de aprensión. Elliott y Chester permanecieron en silencio. Ninguno era capaz de darle una respuesta. —¿Mi padre…? —le preguntó a Chester. Este tenía la mirada perdida, el rostro sin expresión y los labios cerrados: no se sentía inclinado a decir nada. —Espero que esté bien —comentó Elliott—. Si seguimos andando, tal vez… —Sí, tal vez podamos alcanzarlo —completó Will la frase, aferrándose a la idea para reconfortarse—. Espero que se le cayera todo esto por accidente… a veces es algo olvidadizo… —Diferentes explicaciones para la ausencia de su padre adoptivo se