Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 462
Muy poco tranquilizado por esas palabras, Will paseó la vista varias veces de la
inmóvil vaca de cueva al arco, arrugando la frente con preocupación.
Aquello no tenía buena pinta, y todos lo sabían.
—Lo siento, Will, pero no podemos quedarnos aquí —dijo Elliott—. Cuanto antes
nos vayamos, mejor.
—Tienes razón —respondió él.
Mientras Elliott, Chester y Cal volvían a ponerse en marcha, Will se dio mucha
prisa cogiendo todas las hojas que pudo y metiéndoselas dentro de la chaqueta.
Después, temiendo quedarse atrás, echó una carrera para alcanzar a los otros,
aferrando en la mano el cepillo de Mickey Mouse.
—«Estas botas son…»
La letra de la canción pasaba por la nublada mente de Sarah. Medio gruñía, medio
jadeaba palabras sueltas de ella en tanto que los Limitadores, a cada lado, la obligaban
a seguir andando, y cada paso le producía un horrendo dolor en la cadera, como si le
metieran en la carne un alambre con púas y se lo retorcieran.
Poco a poco, Sarah se moría y los Limitadores lo sabían perfectamente.
Dispensarle atenciones médicas, ¿para qué?
Ella les importaba un rábano. Rebecca les daría seguramente la enhorabuena
aunque la entregaran en forma de cadáver.
Sarah también sabía que tenía que conservar la conciencia, y se negaba a ser
engullida por la oscuridad que se cernía sobre ella.
—… son para caminar… uno de estos días… Uno de los Limitadores le dijo algo
amenazante, pero ella, en desafío, siguió con la canción: —… estas botas te van a
pisotear…
La sangre de Sarah dejaba un reguero de gotas por donde pasaba. Por pura
casualidad, un par de veces ocurrió que alguna gota cayera sobre los resecadores que
Elliott había echado tras ella al huir por allí mismo con los muchachos. Resucitadas
por la sangre de Sarah, las bacterias desprendían tal brillo como si la luz brotara
directamente del suelo, como si fueran destellos desprendidos por el círculo exterior
del infierno.
Pero Sarah no era consciente de aquello. Tenía la mente fija en un único propósito
de importancia absoluta. Por lo que podía vislumbrar, los Limitadores la llevaban en
la misma dirección que habían tomado Will y Cal. Esto tenía su lado malo y su lado