—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Chester.
—Me lo dijo mi… nuestro tío.
—¿Vuestro tío? ¿No podría echarnos una mano? ¿Dónde está? —Chester le lanzó
las preguntas a Cal en rápida sucesión, ansioso de oír noticias de alguien que tal vez
pudiera llegar a rescatarlos.
—No —respondió Cal, mirando a Chester con cara de pocos amigos.
—¿Por qué no? No entiendo…
—No, Chester —terció Will bruscamente, apresurándose a negar con la cabeza,
tratando de hacerle entender que debía mantener la boca cerrada.
Se volvió hacia su hermano:
—¿Y ahora qué? Se darán cuenta de que Chester no está cuando el tren llegue a la
estación. ¿Qué pasará entonces?
—Nada. —Cal se encogió de hombros—. Trabajo hecho. Lo único que pensarán
es que se ha tirado del tren. Pensarán que no vivirá mucho tiempo por sus propios
medios: al fin y al cabo, no es más que un Ser de la Superficie. —Se rió sin ganas, y
siguió hablando como si Chester no estuviera delante—: Ni siquiera se molestarán en
enviar una patrulla para buscarlo, ni nada parecido.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —le interrogó Will—. ¿No pueden pensar que
se dirige de regreso a la Colonia?
—Bien pensado, pero si se le ocurriera volver, haciendo a pie todo el camino, los
Cabezas Negras se lo cargarían en cuanto lo vieran aparecer —explicó Cal.
—¿Cabezas Negras? —preguntó Chester.
—Los styx; así es como los llaman a su espalda los colonos —explicó Will.
—¡Ah, vale! —dijo Chester—. De todas maneras, no pienso volver nunca a ese
lugar espantoso. ¡No lo haré en toda mi repajolera vida! —le dijo a Cal en tono firme.
Este no contestó, y se echó la mochila a la espalda mientras Will cogía la suya por
las correas de los hombros, comprobando el peso. Y pesaba de lo lindo, porque
estaba llena hasta los topes con sus cosas, además de la comida extra y de las esferas
de luz. Se la llevó a la espalda, haciendo un gesto de dolor cuando la correa se le
clavó en la herida del hombro. La cataplasma de Imago había hecho milagros, pero en
cuanto se tocaba la herida volvía a ver las estrellas. Intentó ajustar las correas de la
mochila para que la mayor parte del peso cayera en su hombro bueno, y se pusieron
en marcha.
Antes de que transcurriera mucho tiempo, Cal se había puesto en cabeza