trayectoria de la vía. En cuanto miró hacia allí vio salir de una oscura nube de humo a
Chester, caminando a cuatro patas. Levantó la cabeza como una tortuga enfadada y, al
ver a su amigo, empezó a avanzar más aprisa.
—¿Estás bien? —le gritó Will.
—Estupendamente —respondió Chester desplomándose junto a él.
Will se encogió de hombros y se frotó la pierna que había recibido el impacto en
el momento de caer. —¿Y Cal? —preguntó Chester.
—Ni idea. Mejor será que lo esperemos aquí. —Will no estaba seguro de que su
amigo le hubiera oído, pero vio que no estaba dispuesto a emprender ninguna
búsqueda.
Unos minutos después, mientras el tren seguía pasando a su lado, Cal surgió de la
nube de humo llevando una mochila en cada hombro y caminando de manera tan
airosa como si no tuviera la más leve preocupación. Se puso en cuclillas al lado de
Will.
—Traigo las cosas. ¿Estáis enteros? —preguntó gritando. Tenía un gran arañazo en
la frente, del que le manaban unas gotitas de sangre que le caían por el puente de la
nariz.
Will asintió con la cabeza y miró detrás de Cal.
—¡Agachaos! ¡El furgón de cola con los guardias! —advirtió, tirando hacia él de
su hermano.
Apretándose los tres juntos contra la pared del túnel, vieron la luz que se acercaba
a ellos. Salía de las ventanillas del furgón de cola, e iba dibujando amplios rectángulos
en las paredes del túnel. Pasó por delante de ellos iluminándolos por un segundo.
Cuando el tren continuó por el túnel y la luz se alejó, haciéndose más y más pequeña
hasta que finalmente se perdió de vista, Will se sintió sobrecogido por la sensación de
que ya no había marcha atrás.
Inmerso de pronto en un silencio al que no estaba habituado, se levantó y estiró
las piernas. Se había acostumbrado de tal forma al balanceo del tren que le resultaba
extraño encontrarse de nuevo en tierra firme.
Olfateó, y estaba a punto de decirles algo a los otros, cuando el tren silbó un par
de veces en la distancia.
—¿Qué significa eso? —preguntó finalmente.
—Que el tren está entrando en la estación —respondió Cal, mirando hacia la
oscuridad en la que el tren se había internado y perdido de vista.