Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 458
el peligro como inmediato; la segunda, porque la pelea con el Limitador había producido en ellos un efecto importante. Las palabras de ánimo que Elliott le había dirigido a Cal en los Cortantes habían animado a los tres muchachos, y era como si estuvieran un poco anestesiados del miedo constante en que habían vivido. La chica tenía razón: la experiencia, por horrible que fuera, servía para endurecerlos.
Y también habían averiguado que sus enemigos no eran los invencibles guerreros que habían creído. Podían ser derrotados. Además, ellos tenían a Elliott a su lado. Al bajar por la cuesta, Will, perdido en ensoñaciones, pensaba en ella como una superheroína. « La increíble chica explosiva— bromeaba para sí—, con dedos de dinamita y nitroglicerina en la sangre ». Se rió entre dientes. Elliott siempre estaba a la altura de las circunstancias, siempre tenía algo previsto para poder salir del apuro. « Ojalá siga así », pensó Will.
De manera que los pilló de sorpresa cuando, tras otra parada para reconocer el horizonte, se mostró cada vez más agitada. Estaba habitualmente tan tranquila y serena que su nerviosismo repentino contagió a los muchachos. Veía a los Limitadores por todas partes.
— Esto no me gusta. Tendremos que bajar aún más— les dijo dando un cuarto de vuelta y llevándose el rifle al hombro para reconocer el terreno una vez más antes de tomar una nueva dirección.
Will no comprendió la importancia de aquel nuevo cambio de dirección hasta que llegaron al Poro.
Caía agua en lloviznas esporádicas, sacudidas por el viento, en el momento en que
Will se acercaba a ver exactamente lo mismo que había visto el doctor Burrows. Lanzó un silbido de asombro.—¡ Vaya agujero descomunal!— exclamó dirigiéndose de inmediato al borde y echando un vistazo. Afectado de vértigo, Cal no ocultó su incomodidad y guardó una buena distancia entre él y el borde del precipicio. Will examinaba la curva del Poro a través del artilugio ocular.— Pues sí que es grande de verdad.— Sí— dijo Elliott—. Ya lo creo.— Ni siquiera alcanzo a ver el otro lado— murmuró Chester sin dirigirse a nadie en concreto.— Tiene casi dos kilómetros de diámetro— dijo Elliott tomando un sorbo de agua
el peligro como inmediato; la segunda, porque la pelea con el Limitador había producido en ellos un efecto importante. Las palabras de ánimo que Elliott le había dirigido a Cal en los Cortantes habían animado a los tres muchachos, y era como si estuvieran un poco anestesiados del miedo constante en que habían vivido. La chica tenía razón: la experiencia, por horrible que fuera, servía para endurecerlos.
Y también habían averiguado que sus enemigos no eran los invencibles guerreros que habían creído. Podían ser derrotados. Además, ellos tenían a Elliott a su lado. Al bajar por la cuesta, Will, perdido en ensoñaciones, pensaba en ella como una superheroína. « La increíble chica explosiva— bromeaba para sí—, con dedos de dinamita y nitroglicerina en la sangre ». Se rió entre dientes. Elliott siempre estaba a la altura de las circunstancias, siempre tenía algo previsto para poder salir del apuro. « Ojalá siga así », pensó Will.
De manera que los pilló de sorpresa cuando, tras otra parada para reconocer el horizonte, se mostró cada vez más agitada. Estaba habitualmente tan tranquila y serena que su nerviosismo repentino contagió a los muchachos. Veía a los Limitadores por todas partes.
— Esto no me gusta. Tendremos que bajar aún más— les dijo dando un cuarto de vuelta y llevándose el rifle al hombro para reconocer el terreno una vez más antes de tomar una nueva dirección.
Will no comprendió la importancia de aquel nuevo cambio de dirección hasta que llegaron al Poro.
Caía agua en lloviznas esporádicas, sacudidas por el viento, en el momento en que
Will se acercaba a ver exactamente lo mismo que había visto el doctor Burrows. Lanzó un silbido de asombro.—¡ Vaya agujero descomunal!— exclamó dirigiéndose de inmediato al borde y echando un vistazo. Afectado de vértigo, Cal no ocultó su incomodidad y guardó una buena distancia entre él y el borde del precipicio. Will examinaba la curva del Poro a través del artilugio ocular.— Pues sí que es grande de verdad.— Sí— dijo Elliott—. Ya lo creo.— Ni siquiera alcanzo a ver el otro lado— murmuró Chester sin dirigirse a nadie en concreto.— Tiene casi dos kilómetros de diámetro— dijo Elliott tomando un sorbo de agua