Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 455
Durante un tiempo se escondió en un refugio que tenía preparado para una
circunstancia como aquélla. Era una suerte para él que los perros se vieran
completamente afectados por las consecuencias del trabajo de Elliott: los gases y el
polvo seguían en el aire, incapacitándolos para seguir el menor rastro.
Utilizó un conducto de drenaje para salir del Bunker, pero al llegar a la Llanura
Grande se dio cuenta de que no estaba fuera de peligro. No tuvo más remedio que
dejar algunas huellas falsas para zafarse de la tropa montada de styx y de la jauría de
perros de presa que le pisaban los talones. Para huir de aquellos animales del infierno
había empleado todos los trucos del manual.
En aquel momento, mientras el sonido del viento se unía al zumbido que tenía en
los oídos, se puso en cuclillas para estudiar el terreno. Le preocupaba no haber
encontrado nada aún. Había varias rutas que Elliott podía haber tomado, pero, de
todas, aquélla era la más probable, aunque la elección dependía de los movimientos
de los Limitadores.
Se levantó y siguió otros treinta metros hasta que vio lo que andaba buscando.
—¡Aquí están! —anunció examinando las huellas impresas en el polvo. Eran
huellas recientes, y le resultaba bastante fácil saber a quién pertenecían.
—Chester, y… ¡y éste tiene que ser Will! ¡De manera que lo logró! —dijo con un
gesto de incredulidad y una sonrisa tensa, contento de ver que el chico había sido
encontrado y se había reincorporado al grupo. Alargó la mano hacia la izquierda
recorriendo el borde de otra huella, y después puso el cuerpo en tierra para ver el
perfil con más detalle.
—La pierna te está dando problemas, ¿verdad, Cal? —murmuró para sí, viendo la
desigualdad de una de las huellas del muchacho.
Otra cosa le llamó la atención en el polvo, junto a las huellas de Cal.
—¿Un perro de presa? —se preguntó, mirando a ver si había indicios de lucha por
la zona, y tal vez hasta manchas de sangre. Se acercó a gatas para examinar las huellas,
siguiendo su rastro hacia la pared en el lado opuesto del túnel. Todas las huellas
parecían haberse originado allí, pero en aquel momento sólo le interesaban las que no
eran humanas.
A continuación encontró una huella muy clara de la zarpa del animal.
«Esto no es un perro. No; esta huella es de felino. Para mí que es un Cazador».
Dándole vueltas a lo que aquello podía significar, se irguió y buscó en un área
mayor