Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 454
de Sarah para ponerla en pie. Ella sintió un dolor atroz en la cadera y gritó. El grito
resonó a través del túnel, pero era como si gritara otra persona diferente. Estuvo muy
cerca de volver a perder la conciencia, y sintió que las cortinas volvían a abrirse
invitándola a pasar.
Estaba suspendida entre los Limitadores, que la obligaban a caminar. El dolor era
insoportable. Sintió que los huesos fracturados de la cadera rozaban uno contra otro,
y casi se desvaneció de nuevo. Le caían gotas de sudor por la frente y se le metían en
los ojos, obligándola a parpadear y cerrar los párpados.
Se estaba muriendo, y lo sabía.
Pero no quería morir aún, porque mientras siguiera viva tenía alguna posibilidad
de ayudar a Will y Cal.
Drake atravesó el túnel tan raudo y sigiloso como el viento que iba con él. De
tanto en tanto se paraba para buscar en el camino alguna huella reciente. El viento
constante aseguraba que las huellas en la arena no duraban mucho tiempo, así que
sabía que era improbable confundirse con huellas viejas.
Sin detenerse, se llevó una mano al hombro, que había recibido el impacto de una
bala. Tan sólo había penetrado en la carne. Otras veces había sufrido heridas peores.
Bajó la mano hasta el cuchillo que llevaba a la cadera y después a la cartuchera de
cócteles que llevaba sujeta al muslo. Se sentía muy vulnerable sin su rifle y su mochila
llena de municiones, que había perdido a la entrada del Bunker. Además, tenía el oído
afectado por el estallido del mortero y se le había quedado en los oídos un zumbido
permanente.
Pero todo eso era un precio muy pequeño a cambio de escapar con vida. Había
faltado muy poco para que no hubiera sido así. Muy, muy poco, y no acababa de
comprenderlo. Los Limitadores lo habían tenido atrapado, y sin embargo, por algún
motivo, habían decidido no disparar. Era como si lo hubieran querido coger vivo,
pero no era aquél su proceder habitual. Tras el mortero que había causado un tumulto
en las hordas de styx, Drake había aprovechado la ventaja del caos y el remolino de
polvo para esconderse de nuevo en el Bunker.
A partir de aquel momento, todo había sido como un juego de niños. El era capaz
de recorrer el complejo con los ojos cerrados, aunque las explosiones de Elliott
hubieran cerrado varios de los recorridos más rápidos. Y había numerosas patrullas de
Limitadores con las que lidiar, muchas de las cuales contaban con perros de presa.