Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 451
—Lo hiciste porque si no él te habría hecho a ti algo peor —le respondió ella antes
de pasar a Cal.
El muchacho no parecía herido, salvo por algunas costillas que le dolían cuando le
tocaban. Como seguía anonadado e intentando hacerse a la idea de que había
disparado al Limitador, tardó en responder cuando Elliott le preguntó.
Ella lo agarró por los hombros y le dijo con voz comprensiva:
—Escúchame, Cal. Una vez, después de que me ocurriera algo horrible, Drake me
dio un consejo.
El chico la miró sin fijar del todo la vista.
—Me explicó que nuestra piel ya tiene una capa muerta.
Entonces él la miró con atención, sin entender, frunciendo el ceño con expresión
interrogante.
—Es muy inteligente: la piel muere y la capa superior se desprende para
protegernos de la infección. —Poniéndose derecha, levantó las manos de los hombros
de Cal y pasó una sobre el dorso de la otra para ilustrar lo que decía—. Las bacterias,
o los gérmenes, como los llamáis vosotros, se asientan, pero no pueden fijarse.
—¿Y…? —preguntó el niño, intrigado.
—Y eso es lo que pasa, que una parte de ti se muere, igual que con la piel. Puede
que te lleve un tiempo, como me pasó a mí, pero morirá para salvarte. Y la próxima
vez tú serás más duro y más fuerte.
Cal asintió.
—Así que no te preocupes demasiado, y sigue. Él volvió a asentir con la cabeza.
—Creo que te entiendo —dijo mientras su rostro perdía la rigidez y sus ojos
recuperaban parte de la vitalidad—. Sí, entiendo.
Will había escuchado, y estaba impresionado por la manera en que ella había
consolado a su hermano. Casi de inmediato, Cal pareció recuperar su carácter normal
y se puso a hablar con su querido gato.
Entonces Elliott se acercó a Will. Teniendo en cuenta todo lo que había pasado,
estaba relativamente indemne, salvo por algunos moretones hinchados y unos
arañazos en el cuello, otros en la cara y una cordillera de chichones en la parte de atrás
de la cabeza. Mientras Will se los tocaba con cuidado, pensaba en los tirones que
había notado mientras corría, y palpándose con los dedos en la pantorrilla descubrió
un par de desgarrones en la tela del pantalón.
—¿Y esto qué es? —le preguntó a Elliott. Estaba seguro de que no estaban antes.