Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 448

visión del Limitador muerto. Estaba tembloroso y le costaba mantenerse en pie, pero su preocupación por Cal sobrepasaba cualquier cosa que pudiera sentir sobre sí mismo. Su hermano pequeño accedió sin responder cuando él propuso sentarse. Sólo cuando Will volvió a mirar el cuerpo inmóvil del Limitador, quedó lúgubremente fascinado por la idea de lo que habían hecho. No miró la cara mutilada del soldado, sino que se quedó paralizado ante su mano, iluminada por un haz de luz. Tenía los dedos flácidos y curvados, como en reposo. Por algún motivo irracional, Will hubiera querido que esa mano se moviera, hubiera querido que aquello no fuera real sino sólo una especie de representación teatral. Pero la mano no se movió, ni volvería ya a moverse. Apartó los ojos del Limitador mientras sentía contra él los temblores de Cal. No era el momento más apropiado para que a su hermano le diera un ataque de histeria. —¡Le has dado! ¡Te lo has cargado! ¡Te has cargado a un Limitador tú solo! — Chester farfullaba emocionado, riéndose, y las palabras le salían con dificultad a causa de la hinchazón de la cara—. ¡Le has dado en plenos morros! ¡En el centro de la diana! ¡Justo lo que se merecía! ¡Jajajajaja! —¡Cállate, Chester, por Dios! —le dijo Will gruñendo. Su hermano empezó a sentir arcadas, después a vomitar violentamente. Lloraba y murmuraba algo sobre el Limitador. —Está bien, está bien —le decía Will, sin soltarlo—. Ya se acabó. Elliott llegó con su andar veloz. —¡Dios mío! ¿Es que no podéis hacer menos ruido? Vio al Limitador muerto e hizo un gesto de aprobación con la cabeza. Después miró a los muchachos. Todavía agitado por la descarga de adrenalina, Chester brincaba de un pie al otro, en tanto que Cal y Will parecían completamente exhaustos. Ella observó las columnas cristalinas. —Los Cuellos Blancos están aún más cerca de lo que yo creía. —Tenlo por seguro —murmuró Will. Elliott se volvió a Chester, que se ocupaba de su nariz, intentando contener el flujo de sangre que había empezado a salir de ella. Sonrió: —Buen trabajo, Chester —le dijo. —No… yo no… —repuso tartamudeando—. Yo no fui capaz… —Ha sido Cal —intervino Will. —Pero ¿no tenías tú el rifle? —le preguntó Elliott a Chester, perpleja y un poco