Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 447

mano libre apareció una segunda hoz. La hoja brilló a la luz de una lámpara cercana cuando, con un movimiento ligero y sencillo, el soldado cambió su manera de coger el arma. Will volvió unos centímetros la cabeza para intentar averiguar qué era lo que ocurría, y si Cal o Chester estaban lo bastante cerca como para intervenir. Pero ni siquiera los podía ver. —¡No! —gritó alarmado, y el estómago le dio un vuelco al vislumbrar la hoz. No podía hacer absolutamente nada. No había tiempo de apartarse del recorrido de la daga. El Limitador lo tenía atrapado. La hoja brilló en el momento en que el hombre tomaba aire por entre sus magullados labios y empezaba a desplazar la hoz. El cuello de Will estaba totalmente expuesto. Apretó los dientes, abandonó toda esperanza, y esperó a que la daga llegara a su destino. Se oyó un disparo atronador. La bala pasó tan cerca de Will que sintió el calor en la piel. La mano levantada del Limitador siguió en el aire durante un tiempo que al chico le pareció una eternidad, pero que no fueron en realidad más que unas décimas de segundo. Después la mano se abrió y el arma cayó al suelo. Will siguió donde estaba, paralizado de asombro, mientras el ruido de la bala seguía sonando en sus oídos. No miró directamente al soldado, pero vio lo bastante para darse cuenta de que constituía un espectáculo horripilante. Mientras estaba allí, oyó una larga exhalación, la de los pulmones del hombre, que se vaciaban. Siguió un paroxismo incontrolable. El cuerpo entero del Limitador se tensó debajo de Will y se oyó un gorgoteo húmedo al tiempo que una niebla sonrosada se esparcía por el aire. Will sintió las gotitas en la cara. Era demasiad