Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 446

desplomó en el suelo, aturdido. Will no sabía nada de las dificultades de los otros. No se atrevía a levantar la vista por miedo a recibir un golpe o una herida, y se aferraba tenazmente al brazo del Limitador, utilizando el peso de su cuerpo lo mejor que podía para mantener inmovilizado al hombre. Tenía que evitar que usara la hoz costara lo que costara, aunque fuera lo último que hiciera en su vida. Y probablemente lo fuera. Como estaba menos constreñido, el Limitador pegaba repetidamente con el puño en la cabeza y el cuello de Will, que gritaba de dolor. No podría aguantarlo mucho más. Afortunadamente, el Limitador sólo lo había aporreado un par de veces antes de que Chester volviera a entrar en la batalla. Recuperándose enseguida, cogió un trozo de obsidiana y, lanzando gritos, empezó a golpear con él la cabeza del Limitador. Este le echaba maldiciones en la lengua nasal de los styx. Alargó la mano y agarró la mandíbula de Chester. A continuación metió el pulgar en la comisura de la boca del chico, y, agarrándolo por allí, tiró del muchacho haciéndole mucho daño para apartarlo a un lado. Moviendo desesperadamente las piernas, Chester no tenía más remedio que ir adonde lo empujaba el Limitador. En cuanto Chester se encontró en el suelo, al alcance del Limitador, éste le dio un tremendo golpe en el cráneo con el puño. Esta vez la recuperación no iba a ser tan rápida. Chester se quedó tendido, aturdido, y en su mente una lechosa nebulosa de estrellas se mezcló con las luces reflejadas por todas partes. Con los dos, Cal y Chester, fuera de combate, sólo quedaba Will. El Limitador lo agarró por el cuello y hundió los dedos en él, apretándole la tráquea. El soldado balbuceaba de alegría en la lengua styx. Aferrándole la garganta a Will, comprendía que había ganado la pelea. Jadeando a causa del dolor y de la falta de aire, el chico veía acercarse el final. No era demasiado sorprendente, porque al fin y al cabo aquél era un soldado entrenado, y ellos nada más que tres niños. El Limitador estaba muy por encima de ellos. ¿Qué posibilidades habían tenido? Will se estaba resignando a la horrible y dolorosa derrota cuando el soldado aflojó un poco. Respirando una enorme bocanada de aire y tosiendo, Will se permitió pensar que algo cambiaba, y tal vez para mejor. Pero estaba completamente equivocado. Se oyó un chasquido que podía haber hecho el Limitador con los dedos, y en su