Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 442

relación con él ya había llegado al mínimo.
Chester aprovechó ese momento para hablar, y en su voz había un tono de indiferencia por todo lo que le rodeaba, muy probablemente en un intento de molestar a Will.
— Bueno, ¿ y ahora qué?— le preguntó a Elliott, que volvió a bajar la intensidad de la lámpara. Desapareció la confusión de luces e imágenes múltiples, y Will se sintió bastante aliviado, porque aquello resultaba muy desorientador.
— Esto es un laberinto, así que tenéis que hacer exactamente lo que os diga— dijo Elliott—. Drake y yo tenemos un depósito a medio camino en el que podemos reabastecernos de comida y agua, y también coger municiones del arsenal. Eso no nos llevará mucho tiempo, y después nos dirigiremos al Poro. En cuanto lo hayamos pasado, nos quedará un trayecto de dos días hasta las Ciénagas.—¿ El Poro?— preguntó Will, a quien se le había despertado la curiosidad.—¿ Y qué pasa con Bartleby?— preguntó Cal interrumpiendo la conversación—.
Todavía no está aquí.— Dale tiempo. Sabes que nos encontrará— dijo Elliott en tono comprensivo, intentando calmar al muchacho, que empezaba a ponerse nervioso.— Eso espero— dijo Cal.— Vamos a lo nuestro— respondió ella, suspirando al tiempo que se le acababa la paciencia.
No había manera de que los muchachos se pudieran desplazar sin hacer ruido con el tintineo y rasponazos de la grava cristalina bajo los pies, aunque Elliott lo lograba sin esfuerzo, como si se deslizara sobre la superficie.
— Todo ese ruido que hacéis va a durar unos cuantos kilómetros. ¿ Es que no podéis pisar más suavemente, cavernícolas?— les rogó, pero sin que sirviera de nada. No importaba el cuidado que pusieran, seguían sonando como si hubiera entrado una manada de elefantes en un cristalería—. El escondrijo no está lejos de aquí. Voy primero a comprobarlo, después me podéis seguir, ¿ entendido?— dijo Elliott, antes de salir de allí como deslizándose. Mientras aguardaban que volviera, Cal dijo algo de pronto:— Me parece que oigo a Bart. Viene. Separándose de Will y Chester, avanzó unos pasos, despacio y cautelosamente, sin separarse de la columna. De pronto, la luz puesta al mínimo de su lámpara dio en algo.
relación con él ya había llegado al mínimo.
Chester aprovechó ese momento para hablar, y en su voz había un tono de indiferencia por todo lo que le rodeaba, muy probablemente en un intento de molestar a Will.
— Bueno, ¿ y ahora qué?— le preguntó a Elliott, que volvió a bajar la intensidad de la lámpara. Desapareció la confusión de luces e imágenes múltiples, y Will se sintió bastante aliviado, porque aquello resultaba muy desorientador.
— Esto es un laberinto, así que tenéis que hacer exactamente lo que os diga— dijo Elliott—. Drake y yo tenemos un depósito a medio camino en el que podemos reabastecernos de comida y agua, y también coger municiones del arsenal. Eso no nos llevará mucho tiempo, y después nos dirigiremos al Poro. En cuanto lo hayamos pasado, nos quedará un trayecto de dos días hasta las Ciénagas.—¿ El Poro?— preguntó Will, a quien se le había despertado la curiosidad.—¿ Y qué pasa con Bartleby?— preguntó Cal interrumpiendo la conversación—.
Todavía no está aquí.— Dale tiempo. Sabes que nos encontrará— dijo Elliott en tono comprensivo, intentando calmar al muchacho, que empezaba a ponerse nervioso.— Eso espero— dijo Cal.— Vamos a lo nuestro— respondió ella, suspirando al tiempo que se le acababa la paciencia.
No había manera de que los muchachos se pudieran desplazar sin hacer ruido con el tintineo y rasponazos de la grava cristalina bajo los pies, aunque Elliott lo lograba sin esfuerzo, como si se deslizara sobre la superficie.
— Todo ese ruido que hacéis va a durar unos cuantos kilómetros. ¿ Es que no podéis pisar más suavemente, cavernícolas?— les rogó, pero sin que sirviera de nada. No importaba el cuidado que pusieran, seguían sonando como si hubiera entrado una manada de elefantes en un cristalería—. El escondrijo no está lejos de aquí. Voy primero a comprobarlo, después me podéis seguir, ¿ entendido?— dijo Elliott, antes de salir de allí como deslizándose. Mientras aguardaban que volviera, Cal dijo algo de pronto:— Me parece que oigo a Bart. Viene. Separándose de Will y Chester, avanzó unos pasos, despacio y cautelosamente, sin separarse de la columna. De pronto, la luz puesta al mínimo de su lámpara dio en algo.