Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 441

Will comprendió lo que tenía delante. Por lo poco que podía ver, parecía una serie de columnas muy apretadas, que se elevaban y perdían en la oscuridad, por encima de sus cabezas, cada una de las cuales tendría unos setenta metros de circunferencia. —Voy a hacer esto sólo porque los Limitadores tienen que estar bastante lejos todavía, y quiero que sepáis dónde os encontráis —dijo Elliott poniendo la lámpara al máximo e iluminando la zona que tenían ante ellos. —¡Ahí va! —exclamó Will. Era como mirar en un mar de espejos oscuros. Cuando el haz de luz de la lámpara de Elliott dio en la más próxima de las columnas, se reflejó en otra y luego en otra, y el resultado fue un entrecruzamiento de haces de luz que producía la ilusión de tratarse de montones de lámparas. El efecto era asombroso. Aparte de la luz, vio su reflejo y el de los demás desde múltiples ángulos. —Los Cortantes —dijo Elliott—; son de obsidiana. Will se quedó maravillado al empezar a examinar la columna más próxima. Su contorno no era redondeado, como le había parecido al principio, sino que estaba compuesto de una serie de caras completamente planas que iban de arriba abajo, como si hubiera sido formada por muchos cortes longitudinales. Al levantar la vista, le parecía que la columna no se estrechaba en absoluto hacia la parte superior. Entonces, al pasar la vista a su alrededor, descubrió otra columna que parecía diferente. Las caras planas que iban de arriba abajo estaban suavemente retorcidas, dando la impresión de una enorme columna salomónica. Al fijarse más, vio que había otras columnas como aquélla entre las rectas, y unas pocas incluso que tenían una curvatura extraordinariamente pronunciada. Recordando que aún llevaba en la mochila su sencilla cámara, se preguntó si podría sacar una buena foto de la escena. Pero se dio cuenta enseguida de que los reflejos lo hacían imposible. Empezó a darle vueltas a los factores que podían haber producido semejante fenómeno natural único. Aunque tenía muchas ganas de comentar algo sobre las columnas, se reprimió, recordando con tristeza la reacción de Chester cuando había admirado los lagartos voladores. Y sin embargo, si algo parecía el escenario ideal para una de las novelas fantásticas que le gustaban a Chester, eran aquellos monolitos cristalinos. La guarida secreta de las hadas oscuras, pensó irónicamente Will. No, todavía mejor: La guarida secreta de las vanidosas hadas oscuras. Reprimió una risita al pensar en eso, guardándose la idea sólo para él. No tenía ganas de volver a discutir con Chester: su