Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 438
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—¿Y ahora qué? —preguntó Will intentando apartar a Sarah de la mente y
concentrarse en la situación.
Con las lámparas puestas al mínimo y sin la ayuda del artilugio ocular, tuvo la
clara impresión de que en el área que se ofrecía ante ellos había algo, por borroso que
fuera, algo que podían ser resaltes o plataformas situadas aproximadamente a la
misma altura. No había duda de que Elliott los había llevado ante una especie de
precipicio, pero no sabía qué había delante ni debajo de ellos.
Will era consciente de la fría mirada de Chester, y eso le irritaba
extraordinariamente. Tenía la sensación de que, en silencio, su antiguo amigo le
echaba la culpa de todo. Teniendo en cuenta lo que acababa de pasar, hubiera
esperado de Chester un poco de conmiseración. Evidentemente, eso era esperar
demasiado.
—¿No iremos a dar un salto? —preguntó mirando lo que comprendía que era un
acantilado cortado a pico.
—¡Por supuesto! Tiene varios cientos de metros de altura, en picado —respondió
Elliott—. Pero tal vez prefiráis probar a ir por allí.
Miraron hacia donde ella indicaba, al borde de la cornisa, y vieron dos picos. Se
acercaron todo lo que pudieron. La combinación del viento con el precipicio los
invitaba a moverse con cautela. Descubrieron que era la parte superior de una vieja
escalera de mano hecha de hierro, oxidada pero recia.
—Una escalera coprolita: no es tan rápida como saltar, pero sí mucho menos
dolorosa —explicó ella—. Este lugar es conocido como los Cortantes. Cuando
lleguéis abajo, veréis por qué.
—¿Y qué pasa con Bartleby? —preguntó Cal de repente—. ¡El no puede bajar por
esa escalera, y yo no puedo dejarlo aquí! ¡Acabo de recuperarlo!
El niño estaba arrodillado con el brazo alrededor del gato, que frotaba su enorme
mejilla contra la cabeza de su amo y ronroneaba tan fuerte que sonaba como una
colmena llena de abejas.