Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 436
—No, yo no me voy sin mi madre —insistió Cal, cogiéndole la flácida mano.
Mientras Cal hablaba con su madre, con las lágrimas cayéndole por las mejillas,
Will se llevó aparte a Elliott.
—Tiene que haber algo que podamos hacer —le presionó—. ¿No podríamos
llevarla con nosotros una parte del camino, y después dejarla oculta?
—No —respondió Elliott con énfasis—. Además, no le va a ser de ninguna ayuda
que la movamos. Seguramente va a morir de todos modos.
Sarah pronunció el nombre de Will, y él inmediatamente se colocó al lado de Cal.
—No olvidéis —les dijo Sarah a los chicos con un enorme esfuerzo y el rostro
contorsionado por el dolor— que estoy muy orgullosa de vosotros do… —No
terminó la frase. Ante los ojos de Cal y Will, cerró los ojos firmemente y se quedó
inmóvil. Había perdido el conocimiento.
—Tenemos que irnos —dijo Elliott—. Los Limitadores llegarán pronto, muy
pronto.
—¡No! —gritó Cal—. Esto se lo has hecho tú. No podemos…
—No puedo deshacer lo que hice —le respondió la chica sin alterarse—. Pero lo
que sí puedo hacer es ayudaros a vosotros. Tú eliges si sigues conmigo o no.
Cal estaba a punto de objetar algo cuando Elliott volvió a ponerse en camino,
seguida por Chester.
—Mira cómo está, Cal. No le haríamos ningún favor cargando con ella —añadió
la joven volviendo de lado la cabeza.
Pese a las continuas protestas de Cal, tanto él como Will sabían en el fondo que
Elliott tenía razón. No serviría de nada intentar llevarse a Sarah con ellos. Se pusieron
en marcha mientras la muchacha les decía que Sarah tendría alguna posibilidad si
pasaba por allí otro renegado e intentaba curarle las heridas. Pero tanto Will como Cal
sabían perfectamente lo improbable que era que eso ocurriera, y comprendieron que
Elliott sólo intentaba consolarlos un poco.
Al doblar el primer recodo del túnel, Will se paró y se volvió a mirar a Sarah. Con
el aullido incesante y lastimero del viento, resultaba aún más triste y escalofriante la
idea de que se fuera morir allí, en la oscuridad, sin nadie al lado. Tal vez le esperara a
él la misma suerte: exhalar en soledad su último aliento, en un remoto rincón de la
Tierra.
Pero aunque estuviera increíblemente afectado por el incidente, tenía la impresión
de que no sentía todo lo que hubiera debido sentir.