Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 427

esfuerzos posibles por no soltar la correa. Cuando él se detuvo para limpiarse el barro del hocico con rápidos resoplidos que parecían más propios de un gorrino, ella le preguntó: —¿Dónde está tu amo? Aunque no necesitaba que nadie lo animara, volvió a preguntarle en voz cantarina, como espoleándolo: —¿Dónde está Cal, eh? ¿Dónde está? Y el animal volvió a salir como de estampida. El empuje hacia delante pilló a Sarah por sorpresa. La fue arrastrando, tumbada boca abajo, durante unos veinte metros en los que no paró de gritarle que fuera más despacio, hasta que por fin el gato se calmó lo suficiente como para que ella pudiera volver a ponerse a cuatro patas. —¿Cuándo aprenderé a tener la boca cerrada? —murmuró para sí, intentando pestañear bajo la capa de barro que le cubría la cara. Después de ver volar a los lagartos, sabiendo perfectamente qué era lo que los había hecho emprender el vuelo, Bartleby y ella se habían lanzado a la carrera por el último tramo de la playa. Después, al llegar a las rocas, el animal había descubierto enseguida el rastro que se metía por la grieta, y allí había levantado la cabeza y lanzado un profundo maullido de triunfo. Y en aquellos momentos, avanzando por la grieta, ella veía las huellas que había dejado el grupo. Había algunas huellas de manos que indicaban que iba alguien más con Will y Cal, alguien pequeño. ¿Un niño, tal vez?