Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 426
vio que habían llegado al final. Con enorme alivio, se pudo poner de pie y doblar la
espalda. Se quitó el barro de alrededor de los ojos y vio que los demás estaban ya de
pie y hacían lo mismo que él: doblar las articulaciones para desentumecerlas y
relajarlas. Todos menos Cal, que había encontrado una peña en que sentarse y estaba
masajeándose la pierna con un gesto de intenso dolor. Will se miró y miró a los
demás: con aquella capa de barro seco que los cubría, tenían todos una pinta
horrorosa.
Al dirigirse al centro del espacio, notó que el viento soplaba con tanta fuerza y
constancia que se llevaba el aire que exhalaba por la boca. Al principio pensó que
estaban en un lugar lleno de estalagmitas, o de estalactitas, o de ambas. Sólo cuando
se limpió el barro de las gafas y puso en marcha el artilugio ocular se dio cuenta de
que no se trataba de eso. Se hallaban en un gran túnel con el techo a unos veinte o
treinta metros más arriba, que tenía en los bordes múltiples bocas de túneles más
pequeños que partían de él. Eran tantos los túneles que sus oscuras bocas le hicieron
sentirse muy mal, al imaginarse que había styx agazapados dentro de ellas.
—Ya no necesitas la cuerda —le gritó Elliott a Will, que hizo lo que pudo por
quitársela, pero el nudo estaba tan duro y embarrado que ella le tuvo que echar una
mano. En cuanto la cintura le quedó libre, la chica enrolló la cuerda y después les hizo
señas para que se acercaran. Al juntarse a los demás, Will notó que Chester seguía
evitándole la mirada.
—Vais a ir por ahí —dijo ella, señalando hacia abajo el gran túnel. Su voz se la
llevaba el viento, y ello hacía difícil que la oyeran