Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | страница 425

Él no había pretendido que tuviera lugar nada de todo aquello. Jamás se hubiera imaginado que se verían inmersos en tales peligros cuando Chester y él se habían puesto a investigar qué había pasado con su padre. Y hacía unos meses, al encontrarse en el tren, camino de la Estación de los Mineros, Will le había pedido perdón a su amigo de todo corazón. Y él le había dejado bien claro, en aquel entonces, que aceptaba sin reserva sus excusas. «¡Las palabras no cuestan dinero, y menos las tuyas!» Eso le había soltado Chester a la cara, ¿y qué podía hacer Will para arreglar las cosas? Nada. No había nada que hacer. Empezó a pensar lo que ocurriría cuando encontrara a su padre adoptivo. Era evidente que Chester había establecido un fuerte lazo de lealtad con Elliott, quizá en parte para fastidiarle a él. Pero fuera cual fuera el motivo, el caso es que parecían muy unidos, y Will se sentía completamente excluido de aquella amistad. Pero si su padre adoptivo aparecía en escena, ¿cómo reaccionaría Elliott a su incorporación al grupo? ¿Y cómo reaccionaría su padre ante ella? ¿Se quedarían juntos: él, su padre adoptivo, Chester, Cal y Elliott? A Will no le acababa de entrar en la cabeza semejante amalgama: el doctor Burrows sería demasiado intelectual y demasiado poco práctico para Elliott. Al fin y al cabo, no había en el mundo dos personas más diferentes: en cuestión de carácter, eran los dos polos del espectro. Eran mundos aparte. Así pues, si se separaban, ¿qué pasaría con Chester? La frontera estaba trazada, y estaba claro a qué lado de la raya se quedaría su amigo. Will tenía que admitir que las cosas estaban tan mal que no le importaría demasiado si Chester se quedaba con Elliott. Pero la cosa no era tan fácil. El y su padre adoptivo tendrían también necesidad de Elliott, especialmente si los styx andaban tras sus pasos. Sus pensamientos quedaron bruscamente interrumpidos cuando la cuerda volvió a tensarse y la voz gutural de Chester le conminó a que se diera prisa. Siguieron trepando hasta que Will notó que la niebla y el vapor del aire parecían aclararse, en tanto que se filtraba hacia ellos un leve soplo de aire fresco. Eso no los aliviaba mucho, porque estaban llenos de barro hasta arriba y, con el aire, el barro empezó a secarse y a hacerles daño el roce de la ropa contra la piel. La brisa se convirtió en un viento fuerte y, con el último tirón de la cuerda, Will