Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 423
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Desde su posición, por delante y por encima de Will, Chester tiró con tal fuerza de la
cuerda que le pilló la muñeca a su amigo y le levantó el brazo del suelo. Will cayó de
bruces en el barro caliente y pegajoso. Oyó la voz de Chester, apagada y poco clara,
pronunciar algo que tomó por maldiciones, probablemente dirigidas contra él. Chester
volvió a tirar de la cuerda, esta vez aún más fuerte. A la luz de la conversación
precedente, Will sabía sin género de dudas que Chester le estaría echando la culpa de
aquella desagradable etapa del viaje, igual que se la echaba de todo lo demás. Eso le
parecía cada vez más injusto, porque ¿acaso no estaba pasándolo él tan mal como los
otros?
—¡Ya voy! ¡Ya voy, demonios! —gritó furioso en respuesta, tratando de
levantarse y alcanzar a los demás, escupiendo y renegando por el camino.
Le parecía que acortaba la distancia con Chester, pero seguía sin poder verle a
través de la niebla. Sólo al tirar de la cuerda, comprendió que ésta debía de haberse
enganchado en algún sitio. Estaba atascada.
Chester volvía a gritar por su demora. No entendía muy bien lo que decía, pero
sonaba bastante desagradable.
—Calla, ¿quieres? ¡Se ha enganchado la cuerda! —le gritó Will, echándose de
costado y utilizando la lámpara para tratar de ver dónde se había enganchado. Pero era
inútil: no podía ver nada. Adivinando que la cuerda había pasado por encima de una
roca, la agitó varias veces hasta que consiguió liberarla. Entonces avanzó a gatas
cuesta arriba, siguiendo el recorrido de la cuerda hasta que alcanzó a Chester, que se
había parado, presumiblemente porque Cal, que iba delante, se había parado también.
Desde el mismo inicio, la grieta ascendía en una pendiente constante de unos
treinta grados de desnivel. Dado que no había altura suficiente para ponerse en pie,
tenían que avanzar a cuatro patas. El sustrato subyacente era liso, y pasaban por él
copiosas cantidades de agua que bajaban por la pendiente hacia el mar que habían
dejado tras ellos. Durante la subida, el agua fue reemplazada por un barro caliente que
tenía la consistencia del petróleo y resultaba muy resbaladizo, con lo que la marcha se