Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 423

45 Desde su posición, por delante y por encima de Will, Chester tiró con tal fuerza de la cuerda que le pilló la muñeca a su amigo y le levantó el brazo del suelo. Will cayó de bruces en el barro caliente y pegajoso. Oyó la voz de Chester, apagada y poco clara, pronunciar algo que tomó por maldiciones, probablemente dirigidas contra él. Chester volvió a tirar de la cuerda, esta vez aún más fuerte. A la luz de la conversación precedente, Will sabía sin género de dudas que Chester le estaría echando la culpa de aquella desagradable etapa del viaje, igual que se la echaba de todo lo demás. Eso le parecía cada vez más injusto, porque ¿acaso no estaba pasándolo él tan mal como los otros? —¡Ya voy! ¡Ya voy, demonios! —gritó furioso en respuesta, tratando de levantarse y alcanzar a los demás, escupiendo y renegando por el camino. Le parecía que acortaba la distancia con Chester, pero seguía sin poder verle a través de la niebla. Sólo al tirar de la cuerda, comprendió que ésta debía de haberse enganchado en algún sitio. Estaba atascada. Chester volvía a gritar por su demora. No entendía muy bien lo que decía, pero sonaba bastante desagradable. —Calla, ¿quieres? ¡Se ha enganchado la cuerda! —le gritó Will, echándose de costado y utilizando la lámpara para tratar de ver dónde se había enganchado. Pero era inútil: no podía ver nada. Adivinando que la cuerda había pasado por encima de una roca, la agitó varias veces hasta que consiguió liberarla. Entonces avanzó a gatas cuesta arriba, siguiendo el recorrido de la cuerda hasta que alcanzó a Chester, que se había parado, presumiblemente porque Cal, que iba delante, se había parado también. Desde el mismo inicio, la grieta ascendía en una pendiente constante de unos treinta grados de desnivel. Dado que no había altura suficiente para ponerse en pie, tenían que avanzar a cuatro patas. El sustrato subyacente era liso, y pasaban por él copiosas cantidades de agua que bajaban por la pendiente hacia el mar que habían dejado tras ellos. Durante la subida, el agua fue reemplazada por un barro caliente que tenía la consistencia del petróleo y resultaba muy resbaladizo, con lo que la marcha se