Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Página 422

tal cosa? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Tal vez… ¡porque tenían razón!» La idea entera era demasiado fantástica para él, pero al mismo tiempo le parecía evidente que las gentes de aquel pueblo primitivo creían que aquella acción los arrojaría a un paraíso idílico. Y lo creían con fervor. Tal vez el doctor Burrows estuviera sufriendo los efectos del cansancio y la falta de comida, pero una idea absurda le vino a la mente: ¿debería arriesgarse y saltar al agujero? —¡Estás de broma! —se respondió inmediatamente en voz alta. ¡Por supuesto que era una locura! ¡Qué cosas se le ocurrían! ¿Cómo iba él, un hombre de considerable cultura, a aceptar la creencia pagana de que un milagro le permitiría sobrevivir a la caída, y encontrar abajo un paraíso de árboles frutales y un sol encendido esperando por él? ¿Un sol en el centro de la Tierra? No, la idea era demasiado insensata. ¡Menuda deducción racional y científica! Descartando tajantemente la idea, se volvió al peldaño, y a continuación se dio la vuelta. Lanzó un grito de terror. El arácnido gigante estaba justo allí, ante él. El gigantesco acaro del polvo del que se había hecho amigo al principio. Y agitaba las pinzas delante de la cara del doctor Burrows. Retrocedió, intentando huir de él, presa de un pánico absoluto. Perdió el equilibrio y movió los brazos a la desesperada al tiempo que perdía el contacto con el escalón. Al caer no lanzó un grito desgarrador, sino sólo la breve exclamación que provoca una sorpresa desagradable. Y desapareció en la oscuridad, trazando tirabuzones al hundirse en el oscuro abismo del Poro.