Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 419

torrentes de agua que caían. Sus labios se movían sin emitir sonido al pensar dónde podría acabar aquel increíble fenómeno natural: tal vez en algún tiempo hubiera llegado hasta la superficie de la Tierra, pero después hubiera quedado tapado por un corrimiento de placas tectónicas o por la actividad volcánica. Pero no pensó mucho tiempo en todo eso, porque se sintió de nuevo impulsado a bajar la vista hacia la profundidad. Era como si la oscuridad del vacío lo hipnotizara y lo atrajera. Al mirar hacia abajo, con el rabillo del ojo vio una escalera que bajaba desde el borde de la plataforma, inmediatamente a su izquierda. —¿Será por ahí? —se preguntó muy ansioso—. ¿No me digas que acabo de sacar el billete al Interior? Inmediatamente, se quitó la mochila y empezó a bajar por los deteriorados escalones de piedra. —¡Maldición! —exclamó encogiéndose de hombros al darse cuenta de que la escalera moría enseguida. Se arrodilló, mirando a la penumbra para ver si era que se había desprendido un trozo. —No hay nada que hacer —dijo suspirando con desánimo. No veía nada que sugiriera que la escalera continuaba más abajo. Sólo quedaba aquel tramo consistente en siete escalones en el que se encontraba. No era aquello lo que esperaba. Tal vez aquél fuera el punto final de su expedición, pero no perdió completamente las esperanzas, y se preguntó si no habría en algún punto del borde otra escalera que estuviera intacta: otro camino de bajada. Regresó arriba y cogió la mochila, intentando todavía encontrarle un sentido a todo aquello. Se hallaba ante el agujero que aparecía en el mapa que le habían dado los coprolitas, y tenía que tratarse del mismo agujero tallado en el panel central del tríptico del templo de los bichos asquerosos. Se daba cuenta de por qué los antiguos moradores lo habían considerado tan importante. Pero tenía que haber algo más. Porque ellos, la civilización que había construido y usado el templo, pensaban claramente que se trataba de algo santo, algo digno de veneración. Se frotó la nuca mientras pensaba. Aquellas personas del tamaño de hormiguitas del panel principal del tríptico, ¿se arrojaban al agujero por sí mismas como parte de alguna ceremonia? ¿Se sacrificaban voluntariamente? ¿O había algo más que él ignoraba? Estas y otras preguntas se formaron en el interior de su cabeza y empezaron a dar