Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 420

vueltas en ella como si se hubieran quedado atrapadas en un tornado. Cada una de ellas le reclamaba su atención, pidiéndole que la respondiera, cuando de repente todo su cuerpo se vio conmocionado como si de pronto le hubiera caído un rayo encima. —¡Sí, lo tengo! —gritó, y le faltó poco para lanzar un «¡Eureka!» Abrió de un tirón la mochila y sacó de ella el cuaderno. Cayó literalmente sobre él, porque se lanzó al suelo para buscar entre sus páginas a toda prisa lo que tenía en mente. En su memoria, habían salido a flote las últimas dos palabras del panel central del templo: podía visualizarlas clara y detalladamente, no con la perfección de una foto, pero lo suficiente como para acudir a su Piedra del Doctor Burrows e intentar una traducción. Tras diez minutos de furioso garabatear, una amplia sonrisa se formó en su cara. —¡Los jardines del… segundo sol! —exclamó. A continuación se le borró la sonrisa y se le frunció el ceño—: ¿Los jardines del segundo sol? ¿Qué demonios quiere decir eso? ¿A qué «segundo sol» se refiere? Rodó casi una vuelta para atisbar por el agujero. —¡Hechos, hechos, hechos y nada más que hechos! —dijo utilizando un mantra que usaba a menudo, en situaciones en las que estaba a punto de ser arrastrado por su desbocada imaginación. Intentó pensar en secuencias lógicas, por difícil que le resultara en el estado de nerviosismo en que se hallaba, sabiendo que tenía que poner unos cimientos sobre los que asentar todo aquello que había descubierto. Entonces, y sólo entonces, podría empezar a construir teorías asentadas sobre esos cimientos, teorías cuya veracidad pudiera comprobar. Había algo que ya estaba categóricamente demostrado y que constituía de por sí un importante descubrimiento: todos los geólogos y geofísicos de allá arriba estaban completamente equivocados, porque se hallaba a muchos miles de metros por debajo de la superficie, y según lo que ellos calculaban, a aquellas horas tendría que estar carbonizado. Aunque había atravesado zonas de intenso calor, en las que probablemente había presencia de roca fundida, eso desde luego no correspondía a las creencias generalmente asumidas sobre la composición del planeta y el gradiente de temperatura. Bien, todo eso estaba muy bien, pero no le servía para encontrar las respuestas que buscaba. Empezó a silbar, devanándose los sesos… ¿Qué pueblo era el que había construido el templo?