Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 405
—Empieza —susurró Elliott, pero nadie entendió lo que quería decir.
Lo primero que pensó Will es que era otro de aquellos peces luminosos que salía a
la superficie del agua, pero descartó la idea al oír un ruido como de un disparo
distante, un segundo después del chapoteo. Se oyeron otros ruidos de chapoteo
seguidos de sus respectivos disparos, pero estaban demasiado lejos para ver qué era lo
que los producía.
—Sería un buen momento para apagar la luz —sugirió Elliott.
—¿Por qué? —preguntó Chester de manera inocente, mirando en la oscuridad y
tratando de discernir qué eran aquellos sonidos en el agua.
—Pues porque los Limitadores están en la playa.
—Nos están disparando, imbécil —explicó Cal.
Por estribor, a no más de cinco metros de distancia, Will vio la señal de un
pequeño impacto en la superficie del agua.
—¿Disparándonos? —repitió Chester, tardando en comprender el significado de la
palabra—. ¡Dios mío! —exclamó al darse cuenta por fin y agachándose de inmediato
y buscando la lámpara para apagarla mientras resollaba—: ¡Dios… Dios… Dios…
Dios! —Después de apagar la luz, se incorporó y se volvió para mirar a Elliott. Se
quedó atónito al ver la tranquilidad con que se lo tomaba ella. La descarga prosiguió
con más chapoteos a su alrededor. Parecía que llegaban algo más cerca, y Chester se
encogía al oír cada uno de ellos.
—Si realmente son disparos… —empezó a decir Will.
—Desde luego que lo son —confirmó Elliott.
—Entonces, ¿no deberíamos ponernos a remar como locos? —preguntó Will,
agarrando los remos y preparándose para empezar.
—No es necesario, estamos fuera de su alcance… Están disparando al tuntún. —
Elliott se permitió una pequeña risotada—. Tienen que estar que trinan. Hay una
posibilidad entre un millón de que nos den.
En la impenetrable oscuridad, Will oyó a Chester rezongar algo así como «Con la
suerte que yo tengo…» mientras agachaba la cabeza entre los hombros, al tiempo que
intentaba obtener una vista de la isla sorteando la silueta completamente inmóvil de
Elliott.
—Los tenemos exactamente donde yo quería —dijo ella en voz baja.
—¿Que los tenemos exactamente donde tú querías? —preguntó Chester casi sin
voz, y sin dar crédito a lo que había oído—. No creo que…