Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Seite 399

Todo lo que había encontrado hasta aquel momento, la caverna de chocolate y el templo después, se hallaba en el mapa, y fue fácil de hallar cuando volvió a examinarlo. El problema era que los extraños iconos que los representaban eran demasiado pequeños, casi microscópicos, y él había perdido la lupa por algún lugar del recorrido. Aunque, seguramente, si la hubiera tenido, la diferencia no habría sido mucha, ya que los elementos del mapa no tenían ningún tipo de leyenda que explicara de qué se trataba. A menos que lo hubiera visto en la realidad, interpretar cada detalle del mapa suponía caer en la simple conjetura. Pero al menos el mapa coprolita servía para darle una idea del enorme tamaño de las Profundidades. Había dos elementos principales: a la izquierda estaba la Llanura Grande con las zonas que la circundaban, y a la derecha aparecía algo que muy bien podía ser un enorme agujero en el suelo, y para verlo no necesitaba lupa. Según supuso, debía de tratarse del mismo agujero que había visto en el tríptico. Numerosos caminos salían de la Llanura Grande en disposición radial, y muchos de ellos terminaban convergiendo en el agujero, como si se tratara del callejero de alguna gran conurbación de la superficie de la Tierra. Y en aquel momento se hallaba precisamente en uno de aquellos caminos. Después había un gran número de rutas que salían del agujero y seguían hacia el borde derecho del mapa y que parecían terminar en callejones sin salida. No sabía si eso sería porque los coprolitas no los usaban nunca, o porque jamás los habían explorado. Pero esta última razón le parecía improbable, porque aquella raza se había pasado la totalidad de no sabía cuántas generaciones en aquellos lugares, y dado que eran maestros mineros, le sorprendería muchísimo que hubieran dejado una piedra sin remover o una porción de terreno sin explorar. Los coprolitas, por lo que él podía discernir, no eran sólo maestros en la minería sino también en la prospección: una cosa llevaba a la otra. Así que seguro que habían examinado todas las áreas periféricas en busca de piedras preciosas o del tipo que fueran. Para sus adentros se preguntaba si aquella expedición, aquel grana tour por tierras subterráneas, iba a culminar en una serie de callejones sin salida, de los que tendría que regresar cada vez por el mismo lugar por el que había ido. Así que, si podía encontrar comida y, lo que era aún más importante, agua potable, y eso tal vez fuera mucho pedir, ocuparía su tiempo explorando todas las zonas señaladas en el mapa coprolita, peinándolas en busca de antiguos asentamientos y objetos dignos de reseñar.