Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 398

No teniendo otra opción que seguir por la escalera, adondequiera que llevara, el doctor Burrows había ido a dar a un gran espacio abierto. Allí vio que proseguía el camino de losas regularmente dispuestas, y fue por él, descendiendo por su suave inclinación. Hasta donde le alcanzaba la vista, el suelo estaba salpicado de una especie de menhires, rocas en forma de lágrima de tres o cuatro metros de altura y con la cúspide redondeada. Era un paisaje extraño que parecía hecho por alguna deidad que se hubiera divertido dejando caer al tuntún cucharadas de masa sobre la bandeja del horno.
Dada la uniformidad de aquella especie de menhires, el doctor Burrows empezó a preguntarse si habrían sido puestos allí de forma deliberada, en vez de ser un fenómeno puramente natural. Empezó a rumiar varias teorías sobre su posible origen mientras caminaba. Se sobresaltaba a veces, cuando la luz que llevaba con él, al proyectarse sobre los menhires más cercanos, lanzaba sombras a los de detrás, con lo que daba la impresión de que alguien merodeaba por allí. Y es que tras la experiencia con la criatura alada y con el hambriento ejército de ácaros del polvo, no quería correr más riesgos con la fauna local.
Otra parte de su cerebro no paraba de darle vueltas a las imágenes que había visto en el tríptico, tratando de encontrarles sentido. En especial, deploraba la mala suerte que no le había permitido descifrar hasta el final la inscripción del panel central. Hubiera querido disponer de un poco más de tiempo para traducirlo, pero por nada del mundo estaba dispuesto a regresar allí para terminar su labor. Aunque hubiera sido tan sólo un breve vistazo, al menos había visto las letras que formaban las palabras siguientes, y en aquellos momentos hacía todo lo que podía por recordarlas.
Usando una técnica que empleaba con frecuencia en situaciones parecidas, se obligó a pensar en algo que no tenía nada que ver, esperando que eso le llevara a desbloquear las imágenes que guardaba en algún lugar de la memoria. Dirigió todos sus pensamientos al mapa coprolita, que en su mayor parte seguía constituyendo un enigma para él.

41

No teniendo otra opción que seguir por la escalera, adondequiera que llevara, el doctor Burrows había ido a dar a un gran espacio abierto. Allí vio que proseguía el camino de losas regularmente dispuestas, y fue por él, descendiendo por su suave inclinación. Hasta donde le alcanzaba la vista, el suelo estaba salpicado de una especie de menhires, rocas en forma de lágrima de tres o cuatro metros de altura y con la cúspide redondeada. Era un paisaje extraño que parecía hecho por alguna deidad que se hubiera divertido dejando caer al tuntún cucharadas de masa sobre la bandeja del horno.
Dada la uniformidad de aquella especie de menhires, el doctor Burrows empezó a preguntarse si habrían sido puestos allí de forma deliberada, en vez de ser un fenómeno puramente natural. Empezó a rumiar varias teorías sobre su posible origen mientras caminaba. Se sobresaltaba a veces, cuando la luz que llevaba con él, al proyectarse sobre los menhires más cercanos, lanzaba sombras a los de detrás, con lo que daba la impresión de que alguien merodeaba por allí. Y es que tras la experiencia con la criatura alada y con el hambriento ejército de ácaros del polvo, no quería correr más riesgos con la fauna local.
Otra parte de su cerebro no paraba de darle vueltas a las imágenes que había visto en el tríptico, tratando de encontrarles sentido. En especial, deploraba la mala suerte que no le había permitido descifrar hasta el final la inscripción del panel central. Hubiera querido disponer de un poco más de tiempo para traducirlo, pero por nada del mundo estaba dispuesto a regresar allí para terminar su labor. Aunque hubiera sido tan sólo un breve vistazo, al menos había visto las letras que formaban las palabras siguientes, y en aquellos momentos hacía todo lo que podía por recordarlas.
Usando una técnica que empleaba con frecuencia en situaciones parecidas, se obligó a pensar en algo que no tenía nada que ver, esperando que eso le llevara a desbloquear las imágenes que guardaba en algún lugar de la memoria. Dirigió todos sus pensamientos al mapa coprolita, que en su mayor parte seguía constituyendo un enigma para él.