Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 377
onda de aire provocada por el alarido: tenía que ser algo muy grande. Bajó la mano en la que tenía la esfera de luz y, cerrando la mano, trató de rebajar la intensidad de la luz.
El miedo le hizo un nudo en el estómago, y tuvo que hacer un esfuerzo para vencer el impulso de echarse a correr. Se quedó inmóvil entre la extensión de piedras. Estaba en un terreno abierto en el que no veía nada que pudiera ofrecer un refugio. Se encontraba en una situación espantosamente expuesta, sin protección alguna. Observó al acaro del polvo. Estaba tan inmóvil que le había costado trabajo localizarlo en el camino. Comprendió que su inmovilidad tenía que ser una suerte de comportamiento defensivo: la criatura trataba de pasar desapercibida. Así pues, razonó para sí, fuera lo que fuera aquello que daba vueltas sobre ellos, era muy probable que se tratara de algo temible. Si un acaro del polvo monstruosamente grande como aquél, que tenía el tamaño de un elefante adolescente y estaba protegido por su coraza, tenía motivos para asustarse, entonces él podía constituir para aquello una presa de primer orden: un bocado de carne indefensa, exquisita, tierna, en el punto ideal para ser ingerida. ¡ Guumf! Una enorme sombra descendió sobre él. Se acercó más y más, describiendo círculos como un halcón, cada vez más cerrados.
Comprendió que no podía quedarse donde estaba. En aquel instante, el acaro del polvo se había puesto de nuevo en movimiento, escabullándose rápidamente por donde el doctor Burrows supuso que continuaba el camino. Dudó por un momento y después echó a correr tras el bicho, tropezando con los cimientos y las irregularidades del terreno. En su ciega huida tropezaba, se resbalaba y las piedras le raspaban las espinillas, pero de algún modo logró no caerse. ¡ Guumf! Estaba casi encima de él. El doctor Burrows sofocó un grito y se cubrió la cabeza con los brazos sin dejar de correr. ¿ Qué demonios era aquello? ¿ Una especie de pájaro depredador? ¿ Un ave rapaz que se lanzaba sobre su presa?
Había regresado al camino, pero no se podía creer lo rápido que avanzaba el acaro del polvo, impulsado por sus seis patas. Apenas conseguía verlo delante de él, y si no hubiera sido por aquel vago camino, hubiera perdido el rumbo con toda seguridad. Pero ¿ adonde le llevaban el camino y el acaro del polvo? ¡ Guumf! ¡ Guumf!—¡ Santo Dios!— gritó al caer al suelo. Recibió en el rostro una bocanada de aire
onda de aire provocada por el alarido: tenía que ser algo muy grande. Bajó la mano en la que tenía la esfera de luz y, cerrando la mano, trató de rebajar la intensidad de la luz.
El miedo le hizo un nudo en el estómago, y tuvo que hacer un esfuerzo para vencer el impulso de echarse a correr. Se quedó inmóvil entre la extensión de piedras. Estaba en un terreno abierto en el que no veía nada que pudiera ofrecer un refugio. Se encontraba en una situación espantosamente expuesta, sin protección alguna. Observó al acaro del polvo. Estaba tan inmóvil que le había costado trabajo localizarlo en el camino. Comprendió que su inmovilidad tenía que ser una suerte de comportamiento defensivo: la criatura trataba de pasar desapercibida. Así pues, razonó para sí, fuera lo que fuera aquello que daba vueltas sobre ellos, era muy probable que se tratara de algo temible. Si un acaro del polvo monstruosamente grande como aquél, que tenía el tamaño de un elefante adolescente y estaba protegido por su coraza, tenía motivos para asustarse, entonces él podía constituir para aquello una presa de primer orden: un bocado de carne indefensa, exquisita, tierna, en el punto ideal para ser ingerida. ¡ Guumf! Una enorme sombra descendió sobre él. Se acercó más y más, describiendo círculos como un halcón, cada vez más cerrados.
Comprendió que no podía quedarse donde estaba. En aquel instante, el acaro del polvo se había puesto de nuevo en movimiento, escabullándose rápidamente por donde el doctor Burrows supuso que continuaba el camino. Dudó por un momento y después echó a correr tras el bicho, tropezando con los cimientos y las irregularidades del terreno. En su ciega huida tropezaba, se resbalaba y las piedras le raspaban las espinillas, pero de algún modo logró no caerse. ¡ Guumf! Estaba casi encima de él. El doctor Burrows sofocó un grito y se cubrió la cabeza con los brazos sin dejar de correr. ¿ Qué demonios era aquello? ¿ Una especie de pájaro depredador? ¿ Un ave rapaz que se lanzaba sobre su presa?
Había regresado al camino, pero no se podía creer lo rápido que avanzaba el acaro del polvo, impulsado por sus seis patas. Apenas conseguía verlo delante de él, y si no hubiera sido por aquel vago camino, hubiera perdido el rumbo con toda seguridad. Pero ¿ adonde le llevaban el camino y el acaro del polvo? ¡ Guumf! ¡ Guumf!—¡ Santo Dios!— gritó al caer al suelo. Recibió en el rostro una bocanada de aire