Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 374

—Bueno —dijo con voz apenas audible, y la mano que le apretaba el brazo aflojó ligeramente pero continuó allí. Bajó la cabeza, avergonzada por no atreverse a permanecer erguida ante ellos. Pero era mejor someterse, razonó para sí, que ser ejecutada. Si conseguían capturar a Will vivo, podría tener la oportunidad de averiguar la verdad sobre la muerte de Tam. Rebecca le había prometido que podía terminar con Will ella misma. Eso significaba al menos que tendría tiempo para hablar con él. Pero no era prudente discutir en aquel momento y con aquellos salvajes los términos de su acuerdo con la chica. —Tú ve por la costa. Los renegados podrían tener otros medios de salir de la isla —le susurró al oído un Limitador. La mano que le agarraba el brazo le dio un empujón repentino y ella se tambaleó unos pasos. Cuando se volvió a poner derecha, ellos ya habían desaparecido como por ensalmo. Estaba sola, sin otra compañía que la brisa que le daba en el rostro y una intensa sensación de vergüenza y fracaso. ¿Había hecho todo aquello sólo para que ahora la dejaran de lado en la cacería? Sintió un hueco en el estómago al pensar en los soldados que avanzaban hacia la isla, delante de ella, y sin ella. Pero no había nada que hacer: hubiera sido una locura seguir resistiéndose. Una locura de consecuencias mortales. Así que fue caminando lentamente por la orilla, haciendo un esfuerzo para no detenerse al pasar por delante del paso elevado. Hacerlo sería tentar demasiado la suerte. Sin embargo, se permitió volver la cabeza para echar una breve mirada hacia atrás. Aunque no había ni asomo de los Limitadores, estaba segura de que uno de ellos se habría quedado atrás para asegurarse de que ella iba por la costa y no los seguía hacia la isla. No tenía más remedio que obedecer, aunque sabía que seguir por la costa era una absoluta pérdida de tiempo. Porque Will estaba en la isla: se había metido en un callejón sin salida. Y ella había estado muy, muy cerca de capturarlo. —¡Muévete! —le dijo a Bartleby de forma innecesaria—. ¡Ha sido todo por culpa tuya! Tiró fuerte de la cuerda. Él la siguió obediente, pero su cabeza señalaba hacia el paso elevado. Gimoteaba de frustración porque sabía, igual que ella, que habían tomado una dirección equivocada.