Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 365
a sus manos?
—Efectos secundarios —dijo simplemente ella, dejándoles a Cal y Chester igual
que estaban. Tras enterarse de que Will podría haber matado a Drake, los dos
muchachos se sentían realmente agradecidos de que todavía no se les hubiera
presentado la ocasión de hablar con él. Sentían que el acto de matar lo separaba de
ellos y lo colocaba en un lugar que no podían ni siquiera intentar comprender.
Porque ¿cómo se suponía que tenían que tratarlo? Aunque no se les ocurriera
abordarla entre ellos, en su mente tenían muy presente esta pregunta. Desde luego, no
le iban a felicitar y darle palmaditas en la espalda. Entonces, ¿debían compadecerle y
consolarle por la muerte de Drake, cuando había sido él el autor? La verdad es que se
sentían bastante sobrecogidos ante Will. ¿Cómo se sentiría él por lo que había hecho?
No era sólo que tuviera las manos manchadas de sangre por disparar contra otro ser
humano y matarlo, sino que se trataba de Drake, de uno de los suyos, de su protector
y amigo, de un amigo suyo.
Y mirando a Elliott con detenimiento, Chester volvió a preguntarse cómo se
sentiría también ella. Tras aquel breve instante en que la chica le había dejado ver su
lado vulnerable, parecía haber retomado su habitual modo de comportarse y se había
puesto a cuidar de ellos a conciencia. El curso de sus pensamientos se vio
interrumpido cuando Elliott sacó de la bolsa el cangrejo nocturno y lo dejó caer en la
arena. Parecía tan vivo como cuando lo había capturado, y tuvo que ponerle el pie
encima para que no escapara.
Chester vio que Will se acercaba a ellos. Andaba con movimientos lentos, como si
no se hubiera despertado del todo. Iba goteando agua y tenía un aspecto espantoso.
No se había lavado muy bien la cara y la tenía tiznada por trozos, bajo los ojos y por el
cuello y la frente. Su blanco pelo estaba lleno de manchas oscuras. En otras
circunstancias, Chester podría haberse burlado de él diciéndole que parecía un oso
panda. Pero no eran ni el momento ni el lugar adecuados para andarse con bromas.
Will se paró a varios metros de distancia, rehusando mirar a los ojos a ninguno de
ellos. En vez de eso, agachó la cabeza para mirarse los pies. Se arañaba la palma de la
mano con el índice de la otra, como si tratara de desprender algo de ella con la uña.
—¿Qué he hecho? —preguntaba. No se le entendía bien: arrastraba las palabras
como si tuviera la boca dormida, y no abandonaba el movimiento del dedo en la
mano.
—¡Para ya! —le soltó Elliott con brusquedad. Terminó de rascarse y dejó los