Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 363

chico para que viera las dos conchas que tenía en la palma, de unos tres centímetros de largo cada una. —¡Qué bien, moluscos! Voy a ver si hay más. Chester se estremeció ante la idea de que ella esperara realmente que él se comiera alguna de aquellas cosas. —Adelante, sírvete tú misma —le dijo. Al volver por la playa, Chester tuvo el presentimiento de que había algo incorrecto. No se movía nada en absoluto, y no recibieron saludo ni señal alguna por parte de Cal. Furiosa, Elliott se fue directa hacia el muchacho. Aunque Cal permanecía en su posición, sentado, la cabeza le caía hacia delante de manera muy poco elegante. Estaba dormitando al lado de su hermano, y se hallaba tan ausente del mundo como él. —¿Es que aquí nadie me escucha? —le preguntó a Chester. Estaba que trinaba. El chico hasta podía oírla respirar a través de los dientes—. ¿Es que no dejé claro que tenía que mantenerse alerta? —Sí que lo dejaste claro —respondió él bien fuerte. —¡Shhh! —le ordenó ella acercándose un poco a la playa hasta un punto en el que levantó el rifle para dar una batida por el horizonte. Chester esperó junto a los dos durmientes a que volviera ella. —Drake no hubiera dejado pasar una cosa así —dijo con voz tensa, caminando de un lado a otro detrás de Cal como una leona a punto de saltar. El niño seguía durmiendo muy tranquilo, moviendo levemente la cabeza en su sueño, inconsciente de la rabia silenciosa de Elliott. —¿Qué quieres decir? —preguntó Chester intentando descifrar la mirada de sus ojos. —Que Drake lo habría dejado aquí. Se habría marchado y lo habría dejado que se las apañara solo —explicó. —Eso es completamente desproporcionado. ¿Cuánto tiempo crees que sobreviviría él solo? —objetó él—. Sería lo mismo que condenarlo a muerte. —¡Qué pena! —Tú no puedes hacerle eso —respondió él farfullando—. Tienes que perdonarle. El pobre está completamente hecho polvo. Como lo estamos todos. Pero ella hablaba muy en serio. —¿No te das cuenta? Al quedarse dormido, podría llevarnos a todos a la perdición —dijo mirando al mar—. No sabemos cómo va a ser el próximo ataque… Si son