Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 361

de que realmente no la conocía mucho mejor que aquel día en que los habían capturado Drake y ella. Elliott no se explayaba. Era tan escurridiza como una débil brisa en lo más oscuro de la noche, que uno puede notar que está ahí, pero no puede tocarla. Lo volvió a intentar. —Elliott, ¿estás… estás bien de verdad? —No te preocupes por mí —fue la lacónica respuesta. —Sólo quiero que sepas que todos sentimos mucho lo de Drake… Estamos en deuda con él… por todo. —Se calló por un momento—. Supongo que sería horrible, allí, cuando Will tuvo que… eh… Sin previo aviso, ella se detuvo y le dio un empujón en el pecho con tanta agresividad que él se quedó completamente alelado. —¡No intentes consolarme! ¡No necesito la compasión de nadie! —No intentaba… —Déjalo, ¿vale? —Mira, estoy preocupado por ti —repuso indignado—. Todos lo estamos. Allí parada, Elliott se suavizó un poco, y cuando por fin habló, la voz le salió ronca: —No puedo aceptar que haya muerto —dijo sollozando—. El mencionaba a menudo el día en que eso nos ocurriría al uno o al otro o a los dos, y solía decir que no era más que la última baza de la partida. Decía que había que estar preparado para la muerte, pero no dejarse arrastrar por ella. Decía que no había que mirar atrás, que había que aprovechar al máximo el momento… —Se recolocó el rifle a la espalda, toqueteando la correa con los dedos—. Eso es lo que trato de hacer, pero es difícil. Ante la mirada de Chester, con su rostro borroso a la escasa luz proyectada por la lámpara, la máscara de chica dura de Elliott pareció caerse y dejó al descubierto a una muchacha tremendamente asustada y perdida. Quizá, por primera vez, Chester veía a la auténtica Elliott. —Estamos juntos en esto —dijo él afectuosamente, compadeciéndola. —Gracias —respondió ella con muy poquita voz, y evitando mirarlo a los ojos—. Deberíamos seguir nuestro camino. Llegaron al final a una pequeña franja de la playa, en la ensenada, que parecía una sombra proyectada sobre ella. Como descubrió Chester al examinarla más de cerca, no tenía nada que ver con la luz, sino que se debía a un sedimento más oscuro y pesado que se había acumulado en aquellas aguas poco profundas.