Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 360

pierna para tranquilizarla. Lo cierto es que la tenía muy tiesa, y cada vez que descansaba el peso sobre ella, ignoraba si iba a aguantar o no. Elliott examinó por un segundo la cara del niño, y cuando desvió su atención a Chester, el muchacho se preguntó si el hermano de Will habría pasado el examen. Pero en ese momento se distrajeron porque oyeron a Will murmurar la palabra «cansado» una sola vez, y entonces sentarse y dejarse caer en el suelo, boca arriba. Empezó a roncar fuertemente: estaba dormido como un tronco. —Está KO. En un par de horas se encontrará como nuevo —comentó Elliott, y entonces se dirigió a Cal—: Tú quédate aquí con tu hermano. —Le entregó la mira suelta—. Y no pierdas de vista la orilla, en especial el paso elevado. —Señaló el mar y la impenetrable oscuridad, en algún lugar de la cual se encontraba la invisible extensión de la playa por la que habían llegado, y que llegaba al paso elevado—. Si ves algo, lo que sea, aunque te parezca insignificante, me lo dices. Es muy importante que estés atento, ¿lo entiendes? —Bueno, pero ¿adonde vais? —preguntó Cal, intentando que no se le notara en la voz la preocupación que sentía. Antes le preocupaba ser abandonado por Drake y ella. Pero ahora que Drake ya no estaba, ese miedo se incrementaba. ¿No habría pensado marcharse con Chester y dejarlos allí, a Will y a él, solos e indefensos? —No muy lejos… Vamos a buscar algo de comer —le explicó—. Cuídame esto también —dijo quitándose la mochila y dejándola caer junto al inmóvil Will. Esa sencilla acción disipó los miedos de Cal: sin sus cosas no iría muy lejos. Vio que sacaba un par de bolsas de un bolsillo lateral de la mochila, y después, acompañada por Chester, se internó en la oscuridad. —¿Y tú qué tal te encuentras? —le preguntó Chester a Elliott caminando a su lado. Había puesto la lámpara en la posición más baja, y tal como ella le había indicado, la tapaba con la mano, de forma que apenas había luz para iluminar el camino. Como de costumbre, la chica no necesitaba luz para andar, pues parecía poseer un conocimiento prodigioso del terreno en que se movía. Se iban adentrando en la ensenada, dejando todo el tiempo la espesura de maleza a la izquierda y el mar a la derecha. Elliott no respondió a la pregunta. Guardaba un amargo silencio. Chester supuso que estaba pensando en Drake. Se imaginaba lo consternada que tenía que sentirse por su muerte, y se sentía obligado a decir algo, pero le resultaba increíblemente difícil. Aunque había pasado mucho tiempo con ella en las numerosas patrullas que habían hecho juntos, en realidad no hablaban apenas durante aquellas salidas. Se daba cuenta