Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 358
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—¡Vale ya!
Sarah dobló a toda prisa un recodo del tubo de lava, dándole patadas a la grava
sin querer y lanzándola hacia delante, mientras Bartleby tiraba de ella con tanta fuerza
que estaba a punto de derribarla.
—¡Tranquilo, tranquilo! —gritó ella, hundiendo en el suelo los talones y
empleando toda su fuerza para intentar contenerlo. En unos metros logró que se
parara. Sin dejar de jadear por el esfuerzo, lo cogió por el collar y tiró de él hacia
arriba. Dio gracias por aquel pequeño descanso, porque los brazos le dolían, y dudaba
de poder controlar al animal si éste no aflojaba un poco la marcha.
Cuando el gato volvió con rigidez la cabeza hacia ella, Sarah vio una gruesa vena
que palpitaba bajo la piel gris y sin pelo de la ancha sien y el ansia en los ojos.
El gato tenía las ventanas de la nariz abiertas: el olor era más fuerte que antes y
había encontrado el rastro.
Sarah volvió a agarrar la gruesa correa de cuero en la mano irritada y dolorida,
dándole varias vueltas alrededor. Trató de recuperarse respirando hondo un par de
veces, y sólo entonces soltó el collar. Con un bufido de impaciencia, Bartleby se lanzó
hacia delante y la correa dio un chasquido al volver a tensarse.
—¡Calma, Bartleby! —gritó ella casi sin voz. Aquella orden tuvo evidentemente
algún efecto en el sobreexcitado cerebro del animal, que se relajó un poco.
Mientras seguía hablando al gato en voz apaciguadora, sentía la desaprobación que
emanaba de las cuatro sombras que la acechaban a corta distancia. La cuadrilla de
Limitadores, a diferencia del gato y de ella, se movían tan silenciosos como fantasmas.
Normalmente se disimulaban tan bien en el terreno que Sarah no los veía, pero en
aquel momento se dejaban ver, como si quisieran que se sintiera intimidada. Si era eso
lo que pretendían, desde luego que lo estaban consiguiendo.
Se sentía sumamente incómoda.
Rebecca le había prometido dejarla a su aire para perseguir a Will. Entonces, ¿por
qué le enjaretaba aquella escolta? ¿Y por qué se había tomado la chica tantas molestias