Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 356

Esta vez, sin que se lo tuvieran que pedir, Cal buscó a tientas la lámpara.—¿ Pulgones?— sugirió Chester, esperando que no volviera el pavoroso caballito del diablo.
— No, son más grandes que los pulgones— dijo Cal cuando la luz mostró que el aire estaba cuajado de montones de insectos del tamaño de mosquitos mal alimentados.
—¿ Qué demonios es esto? ¿ La familia completa de la abeja Maya? Supongo que han venido todos a comerme un trozo— gritó Chester exasperado. Cal rezongaba, y se dio un manotazo en la nuca al notar que le picaban.— Los odio. Siempre he odiado a los insectos— dio Chester intentando matar a manotazos los que tenía delante de la cara—. Solía matar moscas y avispas en mi jardín sólo por diversión. Me parece que ahora se están tomando la revancha.
Fueran lo que fueran aquellos pequeños insectos, habían tardado poco en enterarse de que había llegado carne fresca a la isla. Al final, Chester y Cal recurrieron a taparse completamente con prendas de ropa que sacaron de las mochilas. Cal farfullaba algo sobre encender un fuego, pero los dos se quedaron allí sentados, como un par de momias, de mal talante, sin otra ocupación que sacudirse los insectos de los ojos, que era la única parte de su cuerpo que habían dejado sin tapar.
Apareció primero Will, irrumpiendo en el claro casi sin darse cuenta y deteniéndose en seco. Dobló la parte superior de su cuerpo poniendo las manos sobre las rodillas y haciendo esfuerzos por respirar hondo.
Al verlo aparecer, tanto Chester como Cal, sorprendidos, se pusieron en pie de un salto. Ver a Will asustaba un poco: tenía la cara sucia de la tormenta de polvo y surcada por gotas de sudor. Sobre un ojo llevaba puesta la lente de Drake, y el otro estaba manchado de sangre fresca a causa de la herida que se había hecho al caer.—¿ Qué ha pasado?— dijo Chester tartamudeando.— No es el de Drake, ¿ o sí?— preguntó Cal al mismo tiempo, señalando el artilugio ocular.— Yo … tuve … que …— intentaba decir Will, jadeando. Pero siguió intentando respirar y moviendo la cabeza hacia los lados.— Yo …— intentó decir.— Hemos matado a Drake— explicó Elliott con rotundidad, saliendo de detrás de Will ante la débil luz proyectada por la lámpara de Cal—. O al menos creemos haberlo hecho. Hemos acabado con él.— Dio un manotazo delante de la cara para apartarse
Esta vez, sin que se lo tuvieran que pedir, Cal buscó a tientas la lámpara.—¿ Pulgones?— sugirió Chester, esperando que no volviera el pavoroso caballito del diablo.
— No, son más grandes que los pulgones— dijo Cal cuando la luz mostró que el aire estaba cuajado de montones de insectos del tamaño de mosquitos mal alimentados.
—¿ Qué demonios es esto? ¿ La familia completa de la abeja Maya? Supongo que han venido todos a comerme un trozo— gritó Chester exasperado. Cal rezongaba, y se dio un manotazo en la nuca al notar que le picaban.— Los odio. Siempre he odiado a los insectos— dio Chester intentando matar a manotazos los que tenía delante de la cara—. Solía matar moscas y avispas en mi jardín sólo por diversión. Me parece que ahora se están tomando la revancha.
Fueran lo que fueran aquellos pequeños insectos, habían tardado poco en enterarse de que había llegado carne fresca a la isla. Al final, Chester y Cal recurrieron a taparse completamente con prendas de ropa que sacaron de las mochilas. Cal farfullaba algo sobre encender un fuego, pero los dos se quedaron allí sentados, como un par de momias, de mal talante, sin otra ocupación que sacudirse los insectos de los ojos, que era la única parte de su cuerpo que habían dejado sin tapar.
Apareció primero Will, irrumpiendo en el claro casi sin darse cuenta y deteniéndose en seco. Dobló la parte superior de su cuerpo poniendo las manos sobre las rodillas y haciendo esfuerzos por respirar hondo.
Al verlo aparecer, tanto Chester como Cal, sorprendidos, se pusieron en pie de un salto. Ver a Will asustaba un poco: tenía la cara sucia de la tormenta de polvo y surcada por gotas de sudor. Sobre un ojo llevaba puesta la lente de Drake, y el otro estaba manchado de sangre fresca a causa de la herida que se había hecho al caer.—¿ Qué ha pasado?— dijo Chester tartamudeando.— No es el de Drake, ¿ o sí?— preguntó Cal al mismo tiempo, señalando el artilugio ocular.— Yo … tuve … que …— intentaba decir Will, jadeando. Pero siguió intentando respirar y moviendo la cabeza hacia los lados.— Yo …— intentó decir.— Hemos matado a Drake— explicó Elliott con rotundidad, saliendo de detrás de Will ante la débil luz proyectada por la lámpara de Cal—. O al menos creemos haberlo hecho. Hemos acabado con él.— Dio un manotazo delante de la cara para apartarse