Tuneles Roderick Gordon 2 Profundidades | Page 354

—¿ Qué será ese ruido?— preguntó Chester en un susurro. Tratando de penetrar con la mirada en la oscuridad, él y Cal escuchaban con mucha atención.— Se está haciendo más fuerte— comentó Chester—. Suena como si fuera un motor.—¡ Shhh, habla bajo!— le pidió Cal, intranquilo. Siguieron escuchando mientras el ruido continuaba.— No sabría decir si está cerca o lejísimos— dijo Chester, desconcertado.— A mí me parece que se mueve alrededor de nosotros— dijo Cal en voz muy baja. De pronto sonó mucho más fuerte, y a continuación se paró. Chester pegó un chillido.—¡ Aprisa, Cal!— gritó en tono desesperado—. ¡ Enciende la luz!— No. Enciende la tuya— respondió el niño—. Elliott nos dijo que no debíamos …—¡ Hazlo!— soltó Chester—. ¡ Lo tengo en el brazo! ¡ Lo noto! Eso fue suficiente para Cal. Cogió la lámpara, la encendió y la dirigió hacia
Chester.—¡ Dios mío!, ¿ qué es esto?— gritó el muchacho, apartando lentamente el brazo del cuerpo. En su rostro había una mirada de pánico.
Se le agarraba al antebrazo con las patas. Se parecía vagamente a un caballito del diablo por el hecho de que tenía dos pares de tenues alas que reflejaban los colores del espectro a lo largo de su longitud, pero aquél era el único aspecto del insecto que podía resultar vagamente atractivo. El cuerpo medía unos quince centímetros de cabeza a cola, y estaba cubierto por una piel polvorienta de color sombra tostada.
Bajo un par de bulbosos ojos compuestos, tan grandes como canicas partidas por la mitad, tenía dos probóscides de aspecto horrible, y su largo abdomen estaba curvado con una púa de terrible aspecto, como si le hubieran trasplantado el aguijón de un alacrán. Si alguien hubiera querido imaginar una criatura de aspecto más

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—¿ Qué será ese ruido?— preguntó Chester en un susurro. Tratando de penetrar con la mirada en la oscuridad, él y Cal escuchaban con mucha atención.— Se está haciendo más fuerte— comentó Chester—. Suena como si fuera un motor.—¡ Shhh, habla bajo!— le pidió Cal, intranquilo. Siguieron escuchando mientras el ruido continuaba.— No sabría decir si está cerca o lejísimos— dijo Chester, desconcertado.— A mí me parece que se mueve alrededor de nosotros— dijo Cal en voz muy baja. De pronto sonó mucho más fuerte, y a continuación se paró. Chester pegó un chillido.—¡ Aprisa, Cal!— gritó en tono desesperado—. ¡ Enciende la luz!— No. Enciende la tuya— respondió el niño—. Elliott nos dijo que no debíamos …—¡ Hazlo!— soltó Chester—. ¡ Lo tengo en el brazo! ¡ Lo noto! Eso fue suficiente para Cal. Cogió la lámpara, la encendió y la dirigió hacia
Chester.—¡ Dios mío!, ¿ qué es esto?— gritó el muchacho, apartando lentamente el brazo del cuerpo. En su rostro había una mirada de pánico.
Se le agarraba al antebrazo con las patas. Se parecía vagamente a un caballito del diablo por el hecho de que tenía dos pares de tenues alas que reflejaban los colores del espectro a lo largo de su longitud, pero aquél era el único aspecto del insecto que podía resultar vagamente atractivo. El cuerpo medía unos quince centímetros de cabeza a cola, y estaba cubierto por una piel polvorienta de color sombra tostada.
Bajo un par de bulbosos ojos compuestos, tan grandes como canicas partidas por la mitad, tenía dos probóscides de aspecto horrible, y su largo abdomen estaba curvado con una púa de terrible aspecto, como si le hubieran trasplantado el aguijón de un alacrán. Si alguien hubiera querido imaginar una criatura de aspecto más